Se creía un lobo, mutiló a tres mujeres y convirtió las escenas del crimen en rituales macabros
La identidad salvaje de un hombre lo llevó a cometer actos que desafían la comprensión humana.


Jack Owen Spillman III irrumpía de noche en viviendas particulares, sorprendía a sus víctimas mientras dormían y, tras asesinarlas, transformaba cada escena del crimen en un escenario de horror.
La combinación de mutilaciones realizadas después de la muerte y una obsesión enfermiza por los lobos hizo que fuera considerado uno de los asesinos seriales más escalofriantes de Estados Unidos.


Los homicidios que cometió entre 1994 y 1995 le valieron el apodo de "Carnicero Hombre Lobo", un sobrenombre que hacía referencia tanto a la brutalidad de sus ataques como a la identidad salvaje que aseguraba tener.
Spillman nació en Estados Unidos en 1969 y, desde joven, desarrolló una personalidad marcada por la violencia y las obsesiones. A diferencia de otros asesinos seriales, no buscaba fama ni exposición pública, aunque sí alimentaba la idea de construir una imagen que reforzara su fantasía de ser un depredador.
Su fascinación por los lobos era parte central de esa identidad. Al igual que los hoy conocidos como "therians", adoptó conductas y una apariencia inspiradas en esos animales.
Vestía habitualmente de negro, dejaba crecer su cabello y sus uñas y sostenía que experimentaba impulsos primitivos relacionados con la caza. En distintos escritos y declaraciones, se presentaba como un ser superior que acechaba a sus presas desde la oscuridad.
Documentos judiciales revelaron que Spillman llegó a decirle a su compañero de celda Mark Miller que quería convertirse en “el mayor asesino en serie del mundo”, una frase que dejó al descubierto el nivel de su delirio y su deseo de ejercer dominio sobre otras personas.

Entre 1994 y 1995 puso en práctica un método que combinaba planificación y una violencia extrema. Elegía viviendas particulares y actuaba durante la madrugada, cuando sus víctimas dormían y se encontraban más vulnerables.
De acuerdo con perfiladores del FBI, el asesino no obtenía satisfacción únicamente con el homicidio. También encontraba una gratificación sádica al deshumanizar los cuerpos después de la muerte, realizando mutilaciones severas y acomodando los cadáveres en posiciones degradantes o con apariencia ritual.
Los investigadores concluyeron que esos actos respondían a una fantasía simbólica profundamente ligada a su obsesión por los depredadores y al deseo de ejercer un control absoluto sobre sus víctimas.
La primera víctima confirmada fue Penny Davis, una niña de 9 años de Tonasket, Washington, que desapareció en septiembre de 1994. Su caso movilizó una intensa búsqueda que se extendió durante meses.
Medio año después, su cuerpo fue encontrado enterrado en una fosa poco profunda, a unos 20 kilómetros de su vivienda. La menor también había sido colocada en una posición provocativa, un patrón que luego aparecería en otros asesinatos atribuidos a Spillman.
El crimen que terminó por exponer al asesino ocurrió el 18 de abril de 1995. Ese día asesinó a Rita Huffman, de 48 años, y a su hija Mandy Huffman, de 15, dentro de su casa en East Wenatchee.
Ambas víctimas fueron encontradas con signos de mutilación sexual y ubicadas en posiciones inusuales. La escena impactó incluso a los investigadores por el nivel de violencia desplegado.
La causa avanzó gracias a un detalle que resultó determinante. Un policía recordó haber visto una camioneta pickup negra estacionada cerca de la vivienda la noche del doble homicidio.
El vehículo coincidía con otro que el mismo agente había identificado previamente en un estacionamiento de la organización Veterans of Foreign Wars. La camioneta pertenecía a Spillman.
Tras identificar el vehículo, la policía mantuvo vigilado al sospechoso durante una semana mientras esperaba los resultados de las pericias. Cuando inspeccionaron la camioneta encontraron restos de sangre y un cuchillo de 12 pulgadas cubierto con material biológico.
El arma coincidía con un juego de cuchillos hallado en la vivienda de las víctimas, fortaleciendo la evidencia en su contra. Además, los investigadores encontraron herramientas utilizadas para forzar el ingreso a las casas, confirmando el método que empleaba para cometer los ataques.
Frente a la posibilidad de recibir la pena de muerte, Spillman aceptó negociar con la fiscalía. Confesó los asesinatos de Rita y Mandy Huffman y, más tarde, admitió haber matado a Penny Davis. Como parte del acuerdo judicial, condujo a los investigadores hasta el lugar donde había enterrado el cuerpo de Mandy Lathim, otra víctima relacionada con la causa.

Los antecedentes judiciales mostraban que ya había tenido problemas con la ley antes de la serie de homicidios. En 1993 fue detenido junto a un amigo por una denuncia de violación, aunque esos cargos fueron finalmente retirados. Cuando se declaró culpable por los asesinatos, además enfrentaba acusaciones por violación en primer grado, robo y hurto.
En 1996, Spillman admitió su responsabilidad en tres cargos de asesinato agravado. La Justicia lo condenó a cadena perpetua sin posibilidad de acceder a la libertad condicional, pena que cumple en la Penitenciaría Estatal de Washington, en la ciudad de Walla Walla.