En 2017, el Gobierno Nacional consideraba a la provincia como "ganable". Sin embargo, el PJ se impuso con 20 puntos arriba.


Pasadas las nueve de la noche, con una tendencia que se consolidaba en alrededor del 55 por ciento de los votos (con posibilidad de ampliar), el reelecto gobernador peronista Gustavo Bordet ofreció una conferencia de prensa: “Se vienen tiempos difíciles para la provincia y el país; vamos a necesitar de consensos”, dijo. Para esa hora, Bordet le sacaba casi 20 puntos al candidato de Cambiemos, el radical Atilio Benedetti. La diferencia fue similar en las PASO. Un resultado previsible, lejos de cualquier sorpresa.

En Entre Ríos, descontado el triunfo de Bordet, los focos se pusieron en la elección de la capital provincial. Allí se imponía el actual vicegobernador Adán Bahl, con el 45 por ciento, casi diez puntos más, sobre el intendente de Cambiemos, José Varisco, quien iba por la reelección. Una diferencia irremontable con el 70 por ciento de los votos escrutados.

Varisco llegó jaqueado a la elección por un procesamiento judicial en una causa por narcotráfico. “Los oficialismos se están imponiendo en las provincias”, viene diciendo el Gobierno nacional. El fenómeno no se reproduce sin embargo en la capital entrerriana, como tampoco en la pampeana Santa Rosa o en Córdoba capital, todas derrotas oficialistas radicales.

En 2017, la Casa Rosada contaba a Entre Ríos como una provincia “ganable”, al punto que por entonces el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, tenía expectativas de competir para la gobernación. Aunque, entre la crisis económica nacional y la unidad del peronismo local, se consolidó la postulación de Gustavo Bordet. La unidad del PJ se adjudica a una negociación personal de Alberto Fernández. Se unieron los exgobernadores Urribarri y Busti con Bordet, gobernador que en su momento integró la gran mesa de mandatarios provinciales que apoyaba a Alternativa Federal.

Por la Corresponsalía de Buenos Aires






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