Tiene 18 años y la propia policía de Venezuela le quitó todo cuando cruzó la frontera. Pese a esto, decidió continuar su éxodo a pie.


A fines de mayo de 2018, impulsado por la situación política y social de su Venezuela, José Daniel Piña, a sus escasos 18 años, decidió cruzar a pie la frontera venezolana para encontrar refugio en alguna nación vecina. 

Solo, sin familia ni amigos, José se convirtió en un ‘caminante’ comko lo hacen ciento de sus coterráneos. “Cuando la gente me preguntaba con quién andaba y les contestaba que con nadie me decían que estaba loco. Pero tampoco había mucho entre lo que yo pudiera elegir. Mi única alternativa era volver a Venezuela y eso era algo que no estaba dispuesto a hacer”, dice en declaraciones reflejadas en MDZ.

Cruzó todos los paisajes posibles, desde la selva amazónica hasta los bosques áridos que se extienden sobre la cordillera antes de llegar al Pacífico. “Hacía dedo y cada tanto alguien me ayudaba. Una vez tuve que viajar parado sobre el enganche que unía el acoplado con la cabina de un camión; andábamos por los cerros y las dos partes se movían primero una y después la otra y yo debía sostenerme de ambas”, cuenta el joven migrante entre risas.

José hace unos días llegó a Mendoza y piensa establecerse en la provincia.

Cuando llegó a una ciudad llamada San Alberto, ubicada en El César, al noroeste de Colombia, José se encontró con guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN). “Estaban armados y aparecieron todos sobre sus motocicletas. Cuando me vieron se detuvieron y luego siguieron de largo”, relata Piña Silva y sigue: “Yo en ese momento no le dí demasiada importancia. Estaba junto a una anciana que vendía artesanías, por suerte sin los bolsos. Luego un hombre me dijo si no hubiera estado al lado de esa mujer o si me hubieran encontrado junto a mi equipaje, se habrían dado cuenta de que no era de allí y me habrían secuestrado, al menos para interrogarme”.

La travesía de Piña Silva continuó con un breve paso -de apenas tres días- por Ecuador y su llegada a Perú en el mes de agosto. Allí probó suerte como tatuador, mozo, cocinero y asistente para carga y descarga de camiones. Pero no funcionó. Muchos venezolanos ya habían llegado allí antes que él y muchos de ellos lo habían hecho con malas intenciones.

Tras un paso previo por Chile, José llegó a Mendoza y piensa establecerse en la provincia. Lleva apenas días y aunque todavía no consigue ni trabajo ni lugar fijo donde dormir, se muestra optimista cuando habla de su futuro. “Ustedes dicen que están mal, en una crisis, pero yo te aseguro que esto no es estar mal”, asegura y concluye: “Yo a Venezuela no quiero volver”, concluyó.






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