Se trata de menores que aún ni siquiera han cumplido los 14 años. Afrontan carencias de toda índole, como hambre, hacinamiento o falta de un baño digno. 


El último informe emitido por Unicef respecto a la pobreza en Argentina determina que casi la mitad de los niños y adolescentes en el país son pobres por tener, al menos, un derecho básico insatisfecho, mientras que el 42% vive en hogares con ingresos insuficientes. En Mendoza, esto se traduce en que este flagelo afecta a 330 mil niños y niñas. 

Se trata de menores que aún ni siquiera han cumplido los 14 años y que día a día afrontan carencias de toda índole, el hambre y la falta de una vivienda básica, entre los más críticos.

Para la realización del informe, Unicef trabajó junto a investigadores del Instituto de Estudios Laborales y de Desarrollo Económico de la Universidad de Salta, la Universidad Nacional General Sarmiento y la organización Equidad para la Infancia.

Los especialistas determinaron una metodología multidimensional: por un lado, como lo hacen los organismos oficiales, midiendo la pobreza a través de los ingresos; por otro, a través de las “privaciones no monetarias”, y por último con un método integrado, que tiene en cuenta a aquellos niños que carecen de uno o más derechos básicos y a su vez viven en hogares con ingresos insatisfechos.

El concepto así planteado, apunta a entender que ser pobre no sólo tener dificultades para llevar un plato de comida a la mesa, asistir a la escuela (o hacerlo con retraso), no poder vestirse de manera adecuada ni tener acceso a servicios tan básicos como el agua potable o la corriente eléctrica.

Ser pobre, desde la perspectiva planteada por Unicef Argentina, también significa vivir en lugares amenazados en forma permanente por la inseguridad, vivir en condiciones de hacinamiento o no contar siquiera con un baño digno.


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