A los 95 años falleció el prelado que durante años fue símbolo y ejecutor de las relaciones internacionales del Vaticano y que sumó una misión en plena guerra de las Islas Malvinas.


Falleció el cardenal Achille Silvestrini, de 95 años de edad, un prelado que durante años fue símbolo y ejecutor de las relaciones internacionales del Vaticano y que sumó muchas misiones en el mundo, entre ellas una en plena guerra de las Islas Malvinas

Fue colaborador cercano de los secretarios de Estado Domenico Tardini y Amleto Giovanni Cicognani, y viajó, entre otras cosas, con el entonces arzobispo Agostino Casaroli durante el período Ostpolitik para liderar las negociaciones con las autoridades italianas para la revisión del Concordato de Letrán

Nacido en Brisighella, en la diócesis de Faenza, el 25 de octubre de 1923, ingresó al Seminario Diocesano con 19 años, donde fue ordenado sacerdote por el obispo Giuseppe Battaglia, el 13 de julio de 1946.

Se matriculó en la Facultad de Letras y Filosofía de la Universidad de Bolonia, obtuvo el licenciada en literatura clásica, con una tesis sobre: “El Estatuto fundamental de los Estados de la Santa Iglesia”.

En 1952 se matriculó en la Academia Eclesiástica Pontificia, para ingresar, el 1 de diciembre de 1953, en el servicio diplomático de la Sección de asuntos eclesiásticos extraordinarios de la Secretaría de Estado, que se ocupa de Vietnam, China, Indonesia y, en general, Asia oriental y del sur.

El cardenal Achille Silvestrini murió en Roma el 29 de agosto.

De 1958 a 1969 estuvo entre los colaboradores de los secretarios de Estado Domenico Tardini y Amleto Giovanni Cicognani. Regresando al Consejo de Asuntos Públicos de la Iglesia, se desempeñó a cargo del sector de organizaciones internacionales (paz, desarme y derechos humanos). En 1971 acompañó al arzobispo Agostino Casaroli en su visita a Moscú, para depositar el instrumento de adhesión de la Santa Sede al Tratado sobre la no proliferación de armas nucleares.

Promovido al episcopado, recibió la ordenación el 27 de mayo de San Juan Pablo II. La nueva asignación lo llevó a liderar desde 1979 la delegación de la Santa Sede para la revisión del Concordato de Letrán, negociaciones realizadas con las autoridades italianas hasta la firma del Acuerdo de 18 de febrero de 1984.

Vatican City (Vatican City State (holy See)), 30/08/2019.- Italy’s designated Prime Minister, Giuseppe Conte (C-L), shakes hands with Cardinal Giovanni Battista Re in Saint Peter’s Basilica on occasion of the funeral Mass of Cardinal Achille Silvestrini, the Vatican, 30 August 2019. (Italia) EFE/EPA/CLAUDIO PERI

Sumó innumerables misiones diplomáticas durante esos años, como por ejemplo ser representante de la Santa Sede en Buenos Aires, por la crisis de Malvinas-Malvinas (1982); en Nicaragua y El Salvador (1983); en Polonia (1983); en Estocolmo, como jefe de la delegación de la Santa Sede en la sesión inaugural de la Conferencia sobre desarme en Europa (1984); en Helsinki, para la celebración del décimo aniversario de la firma del acta final de la Conferencia para la seguridad y la cooperación en Europa; nuevamente en Malta, para la definición de un acuerdo sobre las escuelas de la Iglesia (1985); en Líbano y Siria (1986); Todavía en Polonia (1987)

Juan Pablo II lo crea cardenal, en el consistorio del 28 de junio de 1988, un evento que precede por tres días el nombramiento como prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica.

Lo cierto es que según la historia, el  26 de mayo de 1982 el presidente Galtieri recibió al enviado de Juan Pablo II, monseñor Achille Silvestrini, colaborador directo del cardenal Agostino Casaroli, el secretario de Estado del Vaticano. Silvestrini, quien poco después llegaría a cardenal, era “un diplomático de nivel mundial, era el delegado de Casaroli a cargo de asuntos internacionales, el ministro de asuntos exteriores de facto del Vaticano”, según relató Tad Szulc en su biografía sobre Juan Pablo II. Tras el encuentro se anunció que el Santo Padre visitaría la Argentina el 11 y 12 de junio.

Visita del Papa Juan Pablo II a la Argentina, guerra de Malvinas

La decisión fue muy analizada en las esferas del Vaticano. Desde varios meses atrás, Juan Pablo II había acordado con el gobierno de Margaret Thatcher una visita oficial a Londres el 27 de mayo. Luego de su visita a Londres, el sumo pontífice iba a recibir, el 7 de junio, al presidente Ronald Reagan. Allí, como se conoció años más tarde, entre los dos (junto a Margaret Thatcher), se terminó de concretar un pensamiento y acción común sobre distintos asuntos que les preocupaban. Tras el estallido de la guerra de las Malvinas, la Secretaría de Estado consideró oportuno visitar la Argentina, uno de los países católicos más importantes de América Latina.

Insólitamente, el gobernador de San Juan Leopoldo Bravo, un aliado del gobierno militar, censuró duramente el viaje de Juan Pablo II a Buenos Aires. “Si quiere comprobar el derramamiento de sangre es preferible que visite las islas Malvinas“, dijo y agregó: “Estimo inoportuna la visita a la Argentina y abrigo la esperanza de que nuestro Gobierno le aconseje que la postergue hasta que decidamos esta guerra que mantenemos con el criminal país agresor.”





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