Gabriel Amschlinger participó en el programa televisivo de TELEFE y ganó $130 mil pesos, que le permitirán avanzar en en el sueño de "su casa propia".


Producto de una férrea crianza “a la alemana”, la vida de Gabriel Amschlinger se nutrió de ejemplos. Especialmente el de su padre, quien pese a ser “un tipo duro” a la hora de los sentimientos, le enseñó mucho a su hijo desde el ejemplo. Así lo recuerda hoy el participante del programa televisivo “Quién quiere ser millonario“: “Mi viejo fue hijo único y perdió al padre a los 11 años. Tuvo que salir a trabajar y a estudiar. Empezó la carrera de Ingeniería pero tuvo que dejar, porque nacimos mi hermano y yo y tuvo que salir a trabajar para costear los gastos de la casa”.

De la misma manera que Gabriel tomó el ejemplo de su padre, la conexión también funcionó al revés. Porque cuando fue el hijo quien comenzó sus estudios y se recibió de ingeniero, la emoción cambió de sentido para dar de lleno en su orgulloso progenitor: “En ese momento fue la primera vez que lo vi llorar“.

Si a su padre se había esforzado por mostrarle aquello de “De tal palo tal astilla“, también tuvo que hacer una demostración mayor, y no solo a su familia sino también a todos los argentinos. Fue en enero de 1982, cuando lo convocó el ejército, desde La Plata a Río Gallegos: “Me trasladaron allí, pero al poco tiempo me enviaron a la brigada de Morón a hacer un curso de Observador Meteorológico y Auxiliar de Pronósticos. Una vez terminado el curso ya había dado comienzo la guerra de Malvinas, por lo que me devolvieron a Río Gallegos. Quedé en la oficina de pronósticos y de información. Mi tarea era recolectar los datos y volcarlos al mapa. Con eso le dábamos la información a los pilotos de combate“.

Para evitar confusiones y no herir susceptibilidades, el participante se apura a aclarar: “Yo siempre digo que una cosa es un veterano de guerra, y otra un excombatiente. Yo no estuve en una trinchera en las islas, por eso me interesa marcar la diferencia“.

Con los 130 mil pesos que obtuvo en el programa conducido por Santiago del Moro, Gabriel avanza hacia su sueño de la casa propia, mientras despunta su pasión por la escritura y la filatelia. Todos pasos hacia adelante en su vida; de los que su padre, seguramente, estaría orgulloso.





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