Patricio Pioli, el tatuador riojano acusado por difundir material sexual íntimo de su expareja, fue condenado a cinco años de prisión por el delito de “coacción y lesiones leves calificadas”. Fue el primer juicio oral de este tipo en la Argentina por el delito tipificado en el Código Penal como “pornovenganza”.

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Pioli fue condenado por violencia de género contra Paula Sánchez Frega, y por filtrar fotos y videos íntimos tomados cuando ambos tenían una relación. El caso fue clave para la Reforma del Código Penal y la inclusión de la “pornovenganza” o “pornoextorsión” como delito informático, y el único que llegó hasta el momento a juicio oral y a partir de hoy una condena de cumplimento efectivo.

Patricio Pioli. (Gentileza Clarin.com)

El condenado deberá además afrontar el pago de las costas del juicio.

Así lo resolvió el Tribunal de la Cámara Tercera en lo Criminal y Correccional, presidido por la jueza Edith Agüero junto a los magistrados María Petrillo y Fernando Romero, que tuvieron a su cargo el juicio de un hecho denunciado en el 2017, que sirvió de base para incluir esta figura como delito informático en la Reforma del Código Penal.

Pioli, de origen sanjuanino y conocido en La Rioja como “El tatuador” por su trabajo, fue denunciado por Sánchez Frega por violencia de género y amenazas de difusión de material íntimo en 2017.

Este caso de “pornovenganza” se produjo en 2017, después de que finalizase la relación sentimental entre la víctima y el acusado.

En ese sentido, Sánchez Frega no solo responsabiliza a Patricio Pioli por filtrar videos y fotos íntimas sin su consentimiento, sino también por difundir detalles sobre su vida personal en los medios de comunicación mientras duró el proceso judicial.

De hecho, la víctima afirmó en declaraciones a medios locales que padece ansiedad y estrés postraumático en la actualidad, fruto de una relación afectiva en la que sufrió episodios de “violencia física, verbal y psicológica”.

Una lucha firme

La relación de Sánchez Frega y Pioli fue fugaz e intensa. Se conocieron cuando ella fue a verlo por un tatuaje, a los dos meses vivían juntos y a los ocho ella lo echó de su casa. Al separarse, el dejó flotando una amenaza: “Te voy a destruir”.

Así relata la historia la propia víctima, en una nota al diario Clarín. Paula Sánchez Frega se convirtió este jueves en la primera mujer argentina en obtener justicia tras haber sido violentada con la difusión de material sexual íntimo por parte de una expareja.

El drama de la pornovenganza: “Me cuesta salir a la calle y perdí el trabajo"

Con mi consentimiento, él grababa nuestras relaciones íntimas. Yo no le preguntaba para qué, pero suponía que era para mostrárselas a sus amigos. A mí no molestaba, confiaba en él y pensaba que no pasaría de ese círculo”, contó Paula a Clarín en 2019. “Pero todo cambió cuando mi intimidad cruzó la frontera llegando a lugares como Córdoba. Ahí fue que decidí denunciarlo y llevarlo a la Justicia”.

Me sentí maltratada y nunca contenida por la Unidad Fiscal de Violencia de Género (UFVG) de La Rioja. Yo necesitaba apoyo psicológico y nadie se fijó en mis padecimientos. No esperaba tampoco mucho de una provincia con instituciones tan machistas”, dijo también.

Sobre las consecuencias que esta violencia tuvo sobre ella, relató: “Tengo insomnio, cuando me duermo me despierto con sobresaltos y no me resulta sencillo salir a la calle porque la mirada del otro siempre es acusadora”.

Incluso en el local de comidas donde Sánchez Fraga trabajaba circuló un grupo con fotos íntimas de ella. “Me tuve que ir y no pude conseguir trabajo. ¿Quién me va a contratar? No tengo un centavo, por suerte me ayudan mis padres”, contó.

Sobre la posibilidad de un juicio, que hace dos años parecía remota, dijo: “No me interesa ningún resarcimiento económico. Pero si lo recibiera lo utilizaría para abrir un refugio para mujeres víctimas de violencia de género. Aquí en La Rioja estamos muy desprotegidas, y yo soy un caso que la puede contar entre miles de mujeres”.

Con información de Télam y EFE.