Según se informó en el boletín semanal de CARPA en las últimas cuatro décadas se dejaron de consumir casi 70 litros de vinos per cápita en el país. Suba de precios y cambio de hábitos, las razones. 


El dato realmente impacta: en 1977 el consumo de vinos en la Argentina alcanzaba los 88,4 litros per cápita. A partir de allí, cada litro que se perdió no se volvió a recuperar. El deterioro fue progresivo y no hubo retorno: en 2017 se terminaron de encender las alarmas de la industria vitivinícola, cuando el nivel se desplomó hasta los 20,2 litros.

Y este 2018 está por marcar un hecho sin precedentes: con datos hasta septiembre, el consumo había perforado ese piso y pasó a ubicarse en los 19,8 litros per cápita”.

Agrega que “como el tercer trimestre está siendo sumamente negativo para el poder adquisitivo, en la industria hay consenso de que el nivel descendería hasta los 19,5. Incluso, hay empresarios que ya hablan de un nivel de 18 litros. Se trata de la peor marca de la que se tenga registro. Así, en cuestión de cuatro décadas, en la Argentina se dejaron de consumir nada menos que 60 litros per cápita”.

Salvedad: la calidad

Asimismo, “los analistas y los propios bodegueros hacen una salvedad: la calidad de los vinos de hace 40 ó 50 años difiere mucho de los que se hacen en la actualidad. A partir de la crisis del 2001, con el boom exportador, se potenciaron las inversiones, se comenzaron a reconvertir miles de hectáreas de viñedos y se avanzó con una mejora cualitativa que terminó teniendo impacto en el producto que llegaba a la góndola.

Sin embargo, el hecho de que en unas décadas se hayan esfumado nada menos que 60 litros obliga a parte de la industria -sobre todo la que produce vinos de más bajo precio- a replantearse su negocio. Y también empuja a todas las bodegas locales a consensuar una estrategia para el largo plazo, considerando que cada litro que se perdió jamás volvió a recuperarse.

Merino agrega que “la caída de la demanda es consecuencia de un combo de factores, comenzando por los nuevos hábitos: hace décadas era común que en la mesa del mediodía hubiese una botella de vino. Hoy es una escena del pasado, una costumbre que prácticamente se extinguió. Y esto, lejos de ser un tema propio de la Argentina, es un cambio que se ha dado global”.






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