Thiago Domínguez sufre una rara enfermedad de nacimiento y gracias a la silla de rueda motorizada logró practicar fútbol.


La familia de un joven de La Plata que sufre una rara enfermedad de nacimiento que le generó trastornos motrices pide ayuda para que su obra social le cubra el porcentaje que le corresponde del valor de la silla de rueda que necesita. 

Se trata de Thiago Domínguez de 14 años, el niño sufre artrogriposis múltiple congénita. Según las estadísticas una de cada 3 mil personas son afectadas por esta enfermedad antes del nacimiento; la misma consta de una serie de contracturas articulares que afectan distintas partes del cuerpo y al nacer genera trastornos motrices, según detalla 0221.

Como consecuencia de esta patología, Thiago no puede caminar y requiere del uso de una silla de ruedas constantemente. Al conseguir una motorizada, el joven pudo comenzar a practicar fútbol y hasta estar en la mira de la Selección Argentina.

Thiago Domínguez jugó para el equipo platense de powerchair Lobos Motorizados y en los Halcones del Bajo, de Capital Federal.

Pero este año, su obra social, IOMA, se niega a darle una silla motorizada. “Ellos tienen la obligación de darle una silla de ruedas motorizada cada dos años, es algo que él necesita sí o sí para movilizarse por el síndrome que tiene”, explicó Yésica, su madre.

Ante el no de esta obra social, la familia recurrió a Servicios Sociales ya que su marido es policía, pero tampoco obtuvieron respaldo. “Están pasando por encima de los derechos de Thiago y no quieren autorizar la entrega“, señaló la madre y detalló que el presupuesto que presentaron en 2017 era por una silla que costaba $350.000.

Sé que los insumos ortopédicos son caros, pero yo no pongo el precio. Es una necesidad desgraciadamente. Inclusive, en la nota que presenté junto al trámite puse que, si no era esa silla, fuera una similar con esas características”, manifestó la madre preocupada que explicó que la obra social debe cubrir el 30% del valor. 

El no de IOMA se vio respaldado por el argumento de que ya le habían entregado una silla, pero Yésica explicó que “la que le habían dado era una común, de traslado, no una motorizada”. Al mismo tiempo comentó: “Siento mucha impotencia al ver que nadie respeta los derechos de las personas discapacitadas. Voy a ver si puedo ir a la Defensoría del Pueblo para presentar algún tipo de recurso de amparo, de lo contrario tendré que pagar los gastos de forma particular“.




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