Por Gustavo Lores *


La ausencia de visibilidad de los descubrimientos, invenciones y desarrollos de mujeres en Ciencia e Ingeniería requiere para su comprensión y toma de conciencia un abordaje amplio e independiente de intereses sectoriales que se transforman en moda según la agenda mediática de cada gobierno.

En 1883 Matilda Joslyn Gage publicó “The North American Review” el ensayo “Woman as Inventor” (La Mujer como Inventora). Se puede leer en él: “Ninguna aserción en referencia a la mujer es más común que el hecho de que no posee un genio inventivo o mecánico; incluso el censo de los Estados Unidos no puede enumerarla entre los inventores del país. Pero, si bien estas declaraciones son hechas con mucha premeditación o ignorancia, la tradición, la historia y la experiencia demuestran que posee estas facultades en el más alto grado. Aunque la educación científica de las mujeres ha sido sumamente descuidada, todavía se deben a ellas algunos de los inventos más importantes del mundo”.

El “efecto Matilda” lleva este nombre a partir del de la autora de la anterior publicación y resume los prejuicios al reconocimiento los logros de las mujeres científicas, cuyo trabajo a menudo se atribuye a sus colegas masculinos.

Uno de los casos que ponen en evidencia el “efecto Matilda” sucedió durante el siglo pasado y aun conmueve. Es el de la científica Barbara Barres, que nació el 13 de septiembre de 1954 en Standford, California. Médica, neurobióloga, investigó la interacción entre las neuronas y las células gliales en el sistema nervioso.

La Facultad de Ingeniería de la UNJu integra el Consejo Provincial de la Mujer en Jujuy, trabajando en temas vinculados con la paridad de género.

Barres describió sus experiencias de discriminación por género en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT): “Tras resolver un problema matemático particularmente difícil que dejó perplejos a muchos estudiantes varones, fui acusada de dejar que lo resolviera mi novio. Aunque era la alumna más destacada de la clase, me fue difícil conseguir un supervisor para mi investigación.”

Perdió una beca frente a un hombre que tenía una sola publicación, a pesar de que Barbara tenía seis. Mientras se estaba doctorando en Harvard, se le comunicó que iba a ganar una competición científica que estaba entre ella y un competidor varón. El Decano le dijo: “He leído las dos solicitudes y va a ser usted, su solicitud es mucho mejor”. Sin embargo, el galardón acabó en manos de su competidor.

En 1997 Barbara Barnes cambió su identidad y su género pasando a ser el señor Ben A. Barnes. Recién en 2012 Barnes se refirió públicamente a su cambio de sexo: “Cuando decidí cambiar de sexo no tenía modelos a los que seguir. Pensé que tenía que decidir entre mi identidad de género y mi carrera. Cambié de sexo pensando que mi carrera podía estar acabada. La alternativa que contemplaba seriamente era el suicidio, pues no podía seguir como Barbara.”

Desde 2008 Barnes fue catedrático del Departamento de Neurobiología de la Escuela de Medicina de la Universidad Stanford, convirtiéndose en 2013 en el primer científico abiertamente transgénero de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Ben (Bárbara) Barnes falleció el 27 de diciembre de 2017 a los 63 años, dejando un doble legado a las mujeres y a los hombres de la ciencia. Su producción científica y su prueba suprema de mostrar al Mundo una de las tantas arbitrariedades que día a día comentemos los seres humanos en nombre de mantener el statu quo.

Otras mujeres ingenieras o científicas pudieron trabajar abiertamente desde su condición femenina, aunque sus contribuciones se atribuyen por lo general a varones. Entre los hechos que marcaron a la Humanidad en los que mujeres ingenieras o científicas participaron en forma directa se pueden mencionar cuatro notables.

La inglesa Augusta Ada King, condesa de Lovelace (1815-1852), registrada al nacer como Augusta Ada Byron, sentó los pilares fundamentales de las ciencias de la computación actuales junto al matemático Charles Babbage, que desarrolló una máquina analítica capaz de ejecutar programas y, por tanto, de realizar cualquier tipo de cálculo. Lovelace perfeccionó el diseño de la máquina analítica de Babbage e incorporó un elemento imprescindible para la primera generación de computadores digitales: las tarjetas perforadas como dispositivos de entrada. En todas las escuelas de informática del mundo sólo se menciona a Charles Babbage, un varón, como el “el padre de la computación digital”.

Hedy Lamarr (1914-2000), actriz austríaca y estrella de Hollywood, fue la inventora del sistema de comunicaciones denominado “transmisión en el espectro ensanchado”, en el que se basan todas las tecnologías inalámbricas actuales como el WiFi, el GPS o el Bluetooth. Su faceta artística le hizo abandonar prematuramente los estudios de ingeniería, aunque nunca desterró su pasión por la ciencia. Durante la Segunda Guerra Mundial inscribió la patente de un método de comunicación secreto que buscaba evitar la detección de torpedos enviados por las tropas aliadas y así nació el precedente de las telecomunicaciones actuales.

Katherine Johnson (1918-2020) diseñó el cálculo de la trayectoria del vuelo espacial de Alan Shepard que en 1961 se convirtió en el primer estadounidense en viajar al espacio. Su trabajo consistía en realizar las operaciones y comprobaciones que requerían los ingenieros aeronáuticos de la NASA antes de la llegada y el perfeccionamiento de las computadoras modernas. Su trabajo fue reconocido en 2015 con la Medalla Presidencial de la Libertad, que recibió de manos del presidente Obama.

La matemática de investigación de la NASA Katherine Johnson en su escritorio en el Centro de Investigación Langley. Johnson trabajó en Langley desde 1953 hasta su jubilación en 1986, haciendo contribuciones técnicas críticas que incluyeron el cálculo de la trayectoria del histórico vuelo de 1961 de Alan Shepard. Sus cálculos permitieron que el Apolo 11 aterrizara en la luna. Su historia fue contada en la película “Hidden figures” (“Figuras ocultas”). (Photo by Handout / NASA / AFP)

Más recientemente, la primera “fotografía” de un agujero negro fue posible gracias a una experta en ciencias de la computación de 29 años que ayudó a crear el algoritmo con el que se creó la imagen. Nacida en Estados Unidos de América del Norte en 1989, Katherine Louise Bouman ​es científica de la computación que investiga en sistemas para formación de imágenes por ordenador. Su contribución ha sido una pieza clave para la reconstrucción de la primera imagen de un agujero negro. Lideró el desarrollo de un programa informático con el que se obtuvo la impresionante foto. Ésta, que se dio a conocer recientemente, muestra un halo de polvo y gas que se encuentra a 500 millones de billones de kilómetros de la Tierra.

La Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Jujuy ha tomado a partir de 2015 una posición activa a favor de la defensa de la paridad de género en todos sus aspectos y, en particular, en referencia a la promoción de la participación de la mujer en la Ingeniería, en la Ciencia y la Tecnología.

El estímulo de vocaciones científicas en las niñas del nivel primario y el fomento al estudio de la programación en las jóvenes del nivel secundario son actividades habituales y sistemáticas que nos permiten crecer en el porcentaje de chicas en Ingeniería y, dentro de este escenario, mejorar los índices de graduación, en los que las mujeres superan a los varones desde hace dos años.

Asimismo, desde la creación del Consejo Provincial de la Mujer en Jujuy, trabajamos en temas vinculados con la paridad de género.

(*) Decano de la Facultad de Ingeniería de la UNJu




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