La figura del artista humahuaqueño fue homenajeada en un "abrazo musical" en su Árbol de la Amistad


El recuerdo de la figura del músico Ricardo Vilca, fallecido en 2007, motivó una vez más la unión y el “abrazo musical” de centenares de artistas que llegaron a su tierra natal, la ciudad histórica de Humahuaca, para compartir el encuentro denominado “Árbol de la Amistad”.

La reunión de músicos, que se realiza hace 27 años, fue organizada por los hijos del extinto artista humahuaqueño, quienes recibieron en su hogar a partir del mediodía a músicos de diferentes puntos del país, cantores populares de la región, vecinos y visitantes.

La jornada inició con la peregrinación de amigos y músicos al cementerio local, donde descansan los restos de Vilca y al unísono de los presentes se escuchó los versos de “Guanuqueando”, una de las obras del maestro que traspasó distintas latitudes.

Luego de compartir el almuerzo comunitario que consistía en “cabeza guateada” con papas, mote y “llajua” -salsa de ají picante-, comenzó la ronda de artistas que se subieron al escenario donde se gestaron los temas insignia de Vilca.

Los versos de “Guanuqueando” -el tema que Divididos llevó a los escenarios del rock-, fueron recordados en el homenaje tributado en el cementerio humahuaqueño.

En un marco silencioso, casi de ritual, el público disfrutó de las obras “Llamita”, “El canto del tero tero”, “Quebrada de sol y de luna”, entre otras canciones interpretadas por los músicos José González, Daniel Quiroga y Gustavo Valeriano, quienes acompañaron a Vilca en su camino.

“Para nosotros es el segundo año que junto a mis hermanos pudimos organizar y darle fuerza a este encuentro que tiene un significado particular, porque es un legado que mi padre nos dejó y sentimos que es muy importante mantenerlo”, dijo Dante Vilca, hijo del recordado músico.

En un escenario que sostiene las imágenes de Vilca en distintos momentos de su vida, Dante señaló que el mismo es “abierto para quienes quieran brindar su arte hacia el maestro, aquí se entremezclan distintos géneros, como supo hacer él en su vida”, agregó.

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Cecilia Palacios, Jorge Cumbo, Julio “Bicho” Díaz, Noelia Gareca, Gustavo Guaras, Masis Band, Churos Changos, Eugenia Mur, La Resistencia Mamani y decenas de jóvenes amenizaron la calurosa tarde quebradeña al son de diversos ritmos y géneros musicales.

A ellos se sumaron Fortunato Ramos, Morelia Fernández, Nahuel Ibarra, Mauro Ciava “Vientisto”, El Flautazo, Minerva Asís, Grito Coplero, entre otros muchos artistas que homenajearon al autor quebradeño.

“En esta autoconvocatoria para recordar al maestro (Vilca) y a Mercedes González, su esposa, hacemos un llamado a lo que es la amistad, la música que es como un alto para compartir”, explicó la flautista Cecilia Palacios.

Sobre el legado de Vilca reflexionó que “su música sigue más allá de lo que él imaginó, hay una felicidad entre todos”, resumió.

La familia de Vilca recibió con alegría a los amigos de su padre, como Julio “Bicho” Díaz y Fortunato Ramos, entre muchos otros.

A su turno, la cantautora Nora Benaglia, visiblemente emocionada, expresó que “la primera palabra que surge” durante “El Árbol de la Amistad” es “gracias”, y sin dudar agregó que “es mucho lo que Ricardo Vilca, Mercedes González y su hijos dieron con conciencia musical y de comunidad”.

“A través de su música él nos movilizaba, sensibilizaba y nos juntaba como en esta fiesta del alma que todos los años esperamos para no perdérnosla”, señaló la artista, para a la vez afirmar que Vilca está “muy vivo”.

La cita de “El Árbol de la Amistad” nació a partir de un desencuentro de los que a veces tienen los músicos. Entonces Vilca provocó que se vuelvan a juntar y a compartir “todo lo que uno tiene o puede para celebrar a través de la música y el arte”, recordaron.

La tradición de hace 27 años reunió en su momento un reducido grupo de amigos, entre ellos Erico Salas, Raúl Prchal, “Bicho” Díaz, Oscar Sierra, “Vasco” Urzagasti, José González y el propio Vilca, y con el paso de los años se fueron sumando poetas, otros artistas y personas que desde diferentes lugares del país comparten desde la chayada al pie del árbol (un viejo peral ubicado en el fondo de la casa), hasta las múltiples interpretaciones.




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