Terremotos: por qué se producen y cuáles son las señales de alerta que hay que tener en cuenta cuando hay un temblor
Este año se ha hablado mucho sobre este fenómeno natural. Cómo identificar las señales que no podés pasar por alto cuando tiembla.


Los terremotos son fenómenos naturales que se producen principalmente por el movimiento de las placas tectónicas que forman la capa externa de la Tierra. Aunque un sismo puede comenzar de manera repentina y no existe una señal confiable que permita predecir exactamente cuándo ocurrirá, durante y después del movimiento pueden aparecer indicios que ayudan a identificar riesgos y actuar rápidamente.
Desde un sacudón repentino o el balanceo de objetos hasta el retiro inesperado del mar en una zona costera, conocer qué sucede durante un terremoto puede resultar fundamental para reconocer situaciones potencialmente peligrosas.
También es importante prestar atención a lo que ocurre una vez finalizado el movimiento principal. Daños estructurales, olor a gas, problemas eléctricos y posibles réplicas son algunas de las situaciones que pueden representar un riesgo adicional.
Para entender por qué se producen los terremotos, primero hay que observar la estructura de la Tierra. Su capa externa, denominada litosfera, no forma una superficie única y continua, sino que está dividida en enormes bloques conocidos como placas tectónicas.
Estas placas se desplazan lentamente sobre las capas más profundas del planeta. El problema aparece principalmente en sus límites, donde pueden chocar, separarse o deslizarse lateralmente.
La fricción puede impedir que ese movimiento ocurra de manera uniforme. Como consecuencia, las rocas quedan trabadas mientras acumulan energía elástica durante años, décadas o incluso períodos mucho más prolongados.
Cuando la tensión supera la resistencia de las rocas, se produce una ruptura brusca en una falla y la energía acumulada se libera repentinamente. El punto dentro de la Tierra donde comienza esa ruptura recibe el nombre de hipocentro o foco sísmico.
Desde allí, la energía se propaga mediante ondas sísmicas. El epicentro, en cambio, corresponde al punto de la superficie terrestre situado directamente sobre el hipocentro.
Si bien el movimiento de las placas tectónicas explica la mayoría de los terremotos, existen otros procesos capaces de provocar actividad sísmica. Entre ellos se encuentra la actividad volcánica vinculada al movimiento del magma y, con mucha menor frecuencia, determinados colapsos o procesos subterráneos.
Una de las primeras manifestaciones de un terremoto puede ser una vibración o sacudida repentina. Las ondas sísmicas no llegan todas al mismo tiempo: las ondas P o primarias son las más rápidas, mientras que posteriormente pueden arribar otras ondas que producen movimientos más intensos.
En algunos casos también puede escucharse un ruido grave, similar a un rugido o zumbido, asociado con las vibraciones que se propagan por el terreno y las estructuras.
Dentro de una vivienda, otras señales evidentes son el movimiento de lámparas y objetos colgantes, el desplazamiento de muebles o la oscilación de líquidos dentro de recipientes. También pueden escucharse crujidos provenientes de distintos elementos de la construcción.
Estas manifestaciones sirven para reconocer que está ocurriendo un sismo, pero no deben interpretarse como un método para anticiparlo con suficiente tiempo. Actualmente no existe una forma científicamente confiable de predecir con precisión el día, la hora y el lugar exactos de un terremoto.
Algo similar ocurre con los animales. Perros, gatos, aves u otras especies pueden reaccionar ante vibraciones que las personas todavía no perciben, pero los cambios de comportamiento animal no constituyen un sistema fiable de predicción de terremotos.
Después de un terremoto fuerte en una zona costera, una de las situaciones que requiere mayor atención es un cambio repentino en el comportamiento del mar.
Si el agua se retira de manera rápida y anormal y deja expuestas áreas del fondo marino que habitualmente permanecen cubiertas, puede tratarse de una señal natural de tsunami.
Ante una situación de este tipo no hay que acercarse a la costa para observar el fenómeno. La prioridad es alejarse inmediatamente del litoral y dirigirse hacia zonas elevadas o seguir las rutas oficiales de evacuación.
Además, no todos los tsunamis están necesariamente precedidos por un retiro visible del mar. Por eso, después de un terremoto fuerte o prolongado en una región costera deben respetarse las alertas y las indicaciones de las autoridades.
El riesgo no necesariamente termina cuando deja de temblar. Después de un terremoto, pueden producirse réplicas debido al reajuste de las fallas y las rocas después del evento principal. Algunas pueden sentirse con intensidad y afectar construcciones que ya quedaron debilitadas.
Los crujidos persistentes, las grietas importantes y los desprendimientos de mampostería pueden ser indicios de daños estructurales. En esas circunstancias, es importante mantenerse alejado de sectores comprometidos y seguir las indicaciones de los organismos de emergencia.
También hay que prestar atención a un eventual olor a gas, ya que un terremoto puede dañar conexiones y cañerías. Los cables caídos, chispas o instalaciones eléctricas deterioradas representan otro peligro posterior al movimiento.
Por ese motivo, reconocer las señales durante y después de un terremoto permite reaccionar frente a los riesgos inmediatos. Aunque estos fenómenos no puedan predecirse con exactitud, la preparación y el conocimiento de las medidas de seguridad pueden marcar una diferencia cuando ocurre un sismo.