El cambio en la estructura de la población argentina ya está en marcha. Según las proyecciones de Indec, la población argentina de entre 5 y 9 años, una franja clave de la escuela primaria, caerá de 3,7 millones en 2022 a 2,2 millones en 2040.
Ese fenómeno, consecuencia de la caída en la tasa de natalidad, impacta en las aulas. Casi 1,5 millones menos de chicos de entre 5 y 14 años en todo el país en ese lapso obliga a repensar el sistema educativo.
Una menor cantidad de alumnos no es sinónimo de menor demanda educativa. Las necesidades familiares e incluso de formación marcan como tendencia que se debe aumentar la jornada extendida.
Por caso, cada vez más se amplían las salas de 3 años, en paralelo también se requiere más educación a lo largo de toda la vida. Un aspecto que no habría que descuidar mirando el mundo laboral.
Un punto clave es si tener menos alumnos implicará reducir el gasto o usar mejor los recursos disponibles. La mayor personalización de la educación ganaría posibilidades.
En síntesis, se abre la oportunidad y el desafío de mejorar la golpeada calidad del sistema educativo.
Panel
El tema planteado fue el eje que dominó el inicio de la quinta temporada del ciclo “Voces que suman”, con un panel en el que participaron el ministro de Educación de Córdoba, Horacio Ferreyra, y la decana de Ciencias Humanas y Ciencias Sociales de la Universidad Siglo 21, María Eugenia Scocco.
También estuvieron Rafael Rofman (investigador del Cippec) y Martín Nistal, coordinador de Argentinos por la Educación.
El ciclo cuenta con la coordinación de Daniel Alonso y la producción ejecutiva de Sebastián Gilli.
Rofman planteó que la situación reviste una urgencia que a menudo queda sepultada por las crisis cotidianas que enfrenta la Argentina.
Su diagnóstico parte de la premisa de que las sociedades son como las personas y deben hacerse ricas antes de hacerse viejas, porque “después es demasiado tarde".
"La Argentina, aunque todavía es una sociedad joven, está envejeciendo rápidamente, lo que cierra la ventana para generar el capital humano necesario que sostenga el bienestar futuro”.
En este esquema, la educación no es solo un derecho, sino la "fábrica de capital humano esencial. Si esta fábrica produce hoy un insumo de baja calidad, dentro de 30 años, cuando la población sea mayoritariamente adulta y pasiva, no habrá trabajadores lo suficientemente productivos para sostener el sistema”.
El especialista subrayó que la tecnología y el capital físico, aunque necesarios, no bastan si no existe un capital humano “sólido”.
“La universidad hoy está operando sobre una base de estudiantes que llegan con dificultades severas desde el nivel secundario –enfatizó–. Esto genera un círculo vicioso. La urgencia en resolver el problema es absoluta. Si no lo arreglamos ahora, nos genera uno mayor para dentro de 20 o 30 años".
El diagnóstico fue compartido por Nistal, quien señaló un dilema en el núcleo de la educación argentina: “A pesar de que hemos logrado que más chicos terminen la secundaria y que la cobertura en el nivel inicial crezca, los aprendizajes no mejoran”.
En esa línea, repasó datos que hablan por sí solos: apenas 10 de cada 100 jóvenes que inician la primaria logran terminar la secundaria en tiempo y forma, es decir, cumpliendo los plazos escolares y habiendo adquirido los conocimientos adecuados en lengua y matemática.
Para Nistal, ese parámetro da cuenta de que “la inclusión formal no garantiza la calidad”.
Por eso, frente a la caída de la tasa de natalidad, propone dejar de ver el fenómeno solo como una pérdida de alumnos y tomarlo como “una oportunidad para aplicar estrategias óptimas basadas en la evidencia”.
Por ejemplo, plantea la reconfiguración de las aulas: en lugar de mantener cursos minúsculos por la baja de matrícula, la propuesta es agrupar secciones para mantener un ratio de unos 20 estudiantes por docente; un estándar recomendado internacionalmente.
De esa manera, es posible liberar a docentes para que actúen como tutores personalizados de los alumnos que más lo necesitan.
Este enfoque permitiría “pasar de una educación masiva a una que se ocupe de las trayectorias individuales, atacando directamente el núcleo del fracaso escolar”.

Bono de calidad
El ministro Ferreyra introdujo el concepto de "bono de calidad". A su entender, la transición demográfica permite repensar la eficiencia del sistema educativo.
“Ahora que tenemos más recursos disponibles por cada niño que nace, el desafío es optimizar esa inversión para lograr mejores resultados y procesos”, dijo.
Aseguró que en Córdoba esto ya se refleja en la reducción de los grupos. En el nivel inicial se ha pasado de 20 a 15 alumnos por sala; en el primario, de 25 a 20, y en el secundario, de 30 a 25.
Para el titular de la cartera educativa provincial, la mayor calidad se da “cuando se combina la eficiencia con la eficacia y la pertinencia, asegurando que la propuesta sea adecuada al contexto y a las personas”.
Ferreyra precisó que el sistema provincial se apoya “fuertemente” en las tutorías y en la extensión de la jornada escolar.
En el nivel primario, todos los docentes cuentan ahora con una hora adicional de tutoría semanal para profundizar contenidos, mientras que la estructura curricular ha incorporado más horas de Lengua, Matemática, Ciencias de la Computación y Tecnología.
En secundaria, los tutores acompañan especialmente a los estudiantes en materias críticas, en las que se han detectado mayores dificultades, como Química, Física, Inglés y Geografía.
También destacó que la baja de matrícula en los grados inferiores está permitiendo avanzar hacia jornadas de tiempo completo, de hasta 40 horas semanales, en las escuelas primarias.
El cambio demográfico no solo afecta a las escuelas, sino que también transforma las tareas de las universidades.
Scocco explica que la mayor expectativa de vida y la prolongación de los años laborales obligan a las instituciones de nivel superior a pensar en la formación continua.
“Hoy nos encontramos ante un nuevo paradigma del adulto mayor, una persona de 50 años o más que es psicosocialmente activa y que busca activamente el aprendizaje”, dice.
Detalla que, después de la pandemia, la educación a distancia permitió un fuerte crecimiento de la matrícula de adultos que retoman sus estudios o realizan posgrados, “buscando validar conocimientos o reconvertirse profesionalmente”.
En ese marco, el desafío para la universidad es ofrecer modalidades de aprendizaje totalmente distintas a las que requiere quien sale del secundario.
Scocco opinó que se plantea la exigencia de “una personalización de los trayectos formativos y un enfoque basado en competencias más que en contenidos rígidos".
"Los jóvenes llegan a la educación superior atravesados por la tecnología, lo que requiere del diseño de trayectos pedagógicos que integren herramientas como la inteligencia artificial como un recurso, pero manteniendo al ser humano en el centro del aprendizaje”, completó.
A su entender, el mercado laboral ya no busca individuos aislados, sino profesionales capaces de trabajar en equipos interdisciplinarios y de resolver problemas complejos de manera colaborativa.
Este enlace con el mundo del trabajo es un eje transversal. En este punto, Ferreyra aportó que Córdoba está orientando su oferta educativa secundaria hacia los nichos productivos locales, como el sector turístico o la tecnología.
Voces en el panel
Rafael Rofman, investigador del Cippec: El capital humano sólo se consigue con educación
“La sociedad argentina es una sociedad joven, pero se tiene que hacer rica ahora, porque después va a ser muy difícil, porque vamos a envejecer. Para una sociedad, ser rica quiere decir muy claramente tres cosas: tener más capital humano; tener más capital físico, y tener más tecnología. El capital físico lo vamos a lograr con una macroeconomía que funcione mejor, con inversiones. El capital humano, solo con una mejor educación”.
María Eugenia Scocco, de la US21: Hay que personalizar los trayectos pedagógicos
“Además de menos nacimientos, hoy la vida es más larga. Nuestros adultos mayores son psicosocialmente mucho más activos en términos de actividad, de vínculos y también en términos de aprendizaje. Esta es una de las grandes oportunidades y desafíos que tenemos para pensar formaciones específicas que se acomoden a sus necesidades. Su perfil, como alumnos, es diferente al que sale del secundario, y eso obliga al nivel superior a trabajar para personalizar los trayectos pedagógicos”.
Horacio Ferreyra, ministro de Educación de Córdoba: El impacto es progresivo y abre oportunidades
“Es un escenario que abre desafío y oportunidad para repensar la educación en todos los niveles, porque el impacto es progresivo. Lo venimos analizando desde 2024 y hay que atacar también más profundamente en los niveles más impactados ahora e ir avanzando. En las aulas en Córdoba, por ejemplo, el ratio docente/alumno era 30 y ya está, en promedio, en 25. Eso nos permitió aumentar la carga horaria en jardín de infantes, tener más tutorías, más acompañamiento de alumnos con problemas”.
Martín Nistal, de Argentinos por la Educación: El pecado es no hacer nada
“El desafío es usar los recursos de forma eficiente. La experiencia internacional muestra que la mejor estrategia es agrupar aulas para liberar docentes para que hagan tutorías y acompañamiento pedagógico. Las aulas extremadamente pequeñas no son convenientes. Las tutorías son una de las políticas con mayor impacto positivo. La urgencia y la acción son los puntos fundamentales. Es una oportunidad de redistribuir recursos que ya están, usarlos de una manera diferente. De esa manera, se puede mejorar la calidad. El pecado es no hacer nada”.
