Hugo Castañeda es un vendedor ambulante de café, que todas las mañanas se presenta a las 6.30 en las calles Brandsen y Berutti de Dorrego. Con el objetivo de brindar el mejor servicio que puede ofrecer, este trabajador se dedica a vender café caliente con tortitas desde poco tiempo después que inició de la pandemia.

Antes hacer esta labor, Hugo era chofer de colectivo de larga distancia. Pero cuando tuvo que jubilarse notó que necesitaba hacer un ingreso extra para poder cubrir todas las necesidades que tenían. Como su mujer ya tenía un puesto de café en la calle surgió la idea de que pudiera hacer lo mismo.

Hugo junto a su mujer, que también trabaja vendiendo café en la vía pública. Foto: Gentileza

Así fue que desde hace más de un año Huguito, como le dicen los amigos y conocidos, empezó a ir todas las mañanas a ese punto para ganarse su clientela. Hasta que hace unos días personal de la municipalidad le pidió que se retirara, ya que la venta ambulante está prohibida por orden municipal.

“Yo si tuviera los medios económicos ya hubiese buscado un local para ponerme algo mejor, porque en el invierno es duro estar paradito ahí, hace frío; ya en verano no tanto”, comentó Hugo. Un hombre con 63 años que debería estar descansando, luego de 38 años de aporte, ahora es desplazado del lugar que con mucho sacrificio logró ganar en la localidad de Guaymallén.

Hace aproximadamente una semana, todos los días, los trabajadores de la municipalidad le dicen que no puede estar ahí. Hugo en un intento de hacer todo legal trató de averiguarse de una habilitación para poder seguir funcionando, pero no existe tal figura.

Este es el cartel que todos los días pone el vendedor para promocionar sus productos. El café que vende es amargo y se puede endulzar a gusto, afirma el vendedor. Foto: Gentileza Moni Cas

La venta ambulante fija está prohibida en el municipio, por lo que la opción que tiene Hugo ahora es empezar a moverse por las cuadras donde están sus clientes. Este plan lo empezará a implementar desde este viernes por la misma zona en la que hace meses trabaja.

Desde la municipalidad no hay otra oferta para Hugo, ya que los próximos pasos si él sigue atendiendo y vendiendo con el puesto fijo desde su automóvil, es decomisarle la mercadería que compra todos los días. “Todos los días con mi señora vemos los precios en los supermercados, para comprar lo mejor y no bajar la calidad de los productos”, confiesa.

El nuevo cambio para Castañeda será trasladarse por las calles para no perder la clientela que hizo en todo este tiempo y tratar de seguir llevando una ayuda económica su casa para poder comer, como lo hace todos los días desde más de un año.