En la noche de este viernes, en vísperas del domingo de Pascua, se llevó adelante una nueva edición del Vía Crucis Viviente frente a Plaza Almeida. La concurrencia fue masiva, donde turistas y residentes compartieron una jornada de recogimiento, reflexión y emoción profunda, observando con respeto cada detalle de la representación que se desarrollaba ante sus ojos.

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La actividad fue organizada de manera conjunta por el municipio y las iglesias cristianas: Sagrado Corazón, Nuestra Señora de Lourdes, San Juan Bautista, Catedral San José, Iglesia Luterana, Iglesia Evangélica del Río de la Plata y Cristo Rey. La coordinación permitió una puesta en escena fluida y segura, con espacios definidos y protocolos de participación.

La representación que reunió a turistas y residentes
El Vía Crucis Viviente reunió a una multitud que se ubicó estratégicamente para contemplar toda la representación. Cada escena se desarrolló en un clima de respeto y silencio compartido, generando momentos de introspección colectiva y profunda conexión entre los espectadores, quienes siguieron con atención los detalles de cada estación, desde la entrada de Jesús hasta su pasión.

Cien actores, música en vivo y pantallas gigantes para una experiencia inmersiva
En esta edición, la representación incluyó unas cien personas en escena, sonido profesional y música en vivo. Cada una de las siete estaciones contó con un espacio propio, diferenciándose de años anteriores y permitiendo una mejor apreciación desde cualquier ubicación. Además, pantallas gigantes mostraban lo que ocurría en cada escena, haciendo la experiencia más cercana e inmersiva para todos.


El impacto emocional de cada estación en el público presente
El recorrido comenzó con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, recibido con entusiasmo por el pueblo, y continuó con el lavatorio de los pies y la Última Cena, destacando la entrega, el amor y el perdón como valores centrales. Cada escena interpeló a los presentes, invitando a una reflexión sobre la fraternidad y la necesidad de buscar un encuentro con Dios más allá de las apariencias.
La tercera estación, en Getsemaní, mostró angustia y soledad, pero también confianza en la voluntad de Dios, generando un clima de recogimiento y empatía. Luego, Jesús ante Pilato evidenció injusticia e indiferencia, despertando una mirada crítica sobre la realidad y el compromiso con los demás, mientras la crucifixión intensificó la emoción con silencio y conmoción del público.


Finalmente, la Resurrección cerró, transmitiendo el mensaje central de la fe cristiana: la vida que vence a la muerte y renueva la esperanza. El Vía Crucis Viviente de Gualeguaychú ofreció un recorrido que no solo convocó, sino que también conmovió a los presentes, fortaleciendo valores de solidaridad, empatía y encuentro comunitario en una experiencia que quedará en la memoria de todos.
