Fueron dos aeronaves de Aerolíneas Argentinas, que podrían haber aterrizado en el aeropuerto local, pero que no pudieron hacerlo por el deplorable estado de la  pista.


Ambos problemas ocurrieron el mismo día, con pocas horas de diferencia. Uno de los aviones de Aerolíneas Argentinas que iba a Nueva York sufrió una despresurización de la cabina y las mascarillas de emergencia saltaron ante todos los pasajeros creando un pánico lógico por la situación. Los pilotos, ante la emergencia, detectaron que la opción más fácil era aterrizar en Gualeguaychú, sin embargo fueron alertados que eso iba a ser imposible.

El motivo de la negativa: Hace un año atrás, la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) suspendió las operaciones de aviones a reacción en el aeródromo de Gualeguaychú debido al desprendimiento asfáltico que sufre la pista por la falta de mantenimiento.

El avión rumbo a Nueva York debió volver a Ezeiza a la 1.10 de la madrugada del sábado. Quedó en revisión y los pasajeros volvieron a despegar a las 6.45, en una nave de reserva. Pero durante la misma noche también tuvo problemas el vuelo AR1132 de Aerolíneas Argentinas que iba rumbo a Madrid. Había despegado a las 00.14 del sábado y a los 20 minutos (sobre Entre Ríos, en el espacio aéreo de Gualeguaychú) se detectó la rotura de una bisagra del tren de aterrizaje lo cual, por protocolo, no permiten cruzar el Atlántico con ese tipo de inconveniente.

El aterrizaje de emergencia también podría haberse realizado en el aeródromo de Gualeguaychú, pero por los problemas antes citados, el avión se dirigió primero a la zona del Río de la Plata para dar la vuelta y volver también a la terminal aérea de Ezeiza luego de esperar que el tráfico aéreo en la zona permitiera el descenso seguro.

El estado de la pista del el Aeródromo Gualeguaychú ya llegó a un punto de no retorno, y si la ciudad quiere volver a tener un aeropuerto operativo se tienen que iniciar una serie de arreglos: según especialistas, volver a tener en condiciones las instalaciones rondaría los $20 millones, y una vez financiada la obra, todo se resolvería a más tardar en un mes.

En 2013, el Gobierno provincial destinó fondos para el reasfaltado y puesta a punto de la pista, pero fue entonces cuando saltó el obstáculo que al día de hoy sigue imposibilitando que los trabajos se realicen: cuando la obra estaba a punto de adjudicarse, se supo que el terreno del aeródromo pertenece al Aero Club, y está absolutamente prohibido que el Estado gaste fondos públicos en un predio privado. Desde ese día, los fondos quedaron en Vialidad Provincial, por lo que el problema este no es monetario.

Desde ese día, el Aero Club se niega a ceder ese espacio o a buscar una solución legal al problema, y el motivo es simple: si el aeropuerto local vuelve a ser operativo, no podrán realizar la única actividad que practican los miembros de la Comisión Directiva: el parapente.






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