En 1982, Ramón Gumersindo Acosta se encontraba a casi 3.000 kilómetros de su Formosa natal combatiendo en la Guerra de Malvinas. El formoseño le salvó la vida a tres compañeros que quedaron atrapados entre las llamas cuando un misil tiró abajo su helicóptero. Una emboscada de los ingleses lo sorprendió en Monte Kent y murió luchando por su patria con sus compañeros del Escuadrón Alcarán de Gendarmería. Ocho días antes se despidió de su hijo con una carta que fue recuperada de los bombardeos.

El sargento ayudante Ramón Acosta llegó a Puerto Argentino el 28 de mayo en un Hércules C-130. Integraba la Compañía de tropas Especiales 601 y a los dos días tuvo su bautismo de fuego. Acosta había recibido órdenes de infiltrarse detrás de las líneas enemigas para ocupar cinco alturas y servir como alerta temprana. Estaba cerca de Monte Kent, espacio dominado por los ingleses. Pero fueron atacados por las fuerzas británicas.

Escuadrón Alacrán de Gendarmería en las Islas Malvinas. Foto: Infobae

“Nosotros íbamos a cubrir una línea más allá de los cerros Dos Hermanas tras un objetivo: sobrepasar las líneas inglesas y luego atacarlas por atrás. Todos sabíamos que la situación era muy comprometida. Los ingleses se venían con todo. Pero eso no nos amilanó. No veíamos la hora de entrar en combate. Era nuestra primera acción de guerra real”, relató el sargento ayudante Miguel Víctor Pepe, en diálogo con Infobae.

“Ese día salimos a las 8 de la mañana, retrasados por algunos ataques ingleses. Llevábamos a bordo gran cantidad de explosivos, artefactos que habíamos preparado para batir al enemigo en retaguardia. Teníamos plena conciencia del peligro y sabíamos que muchos de nosotros íbamos a morir. Pero en ese momento no pensábamos en la muerte, pensábamos en el combate, en demostrar que estábamos preparados…”, agregó el sargento ayudante.

Chapa de identificación de Ramón Gumersindo Acosta, el héroe formoseño que defendió a su patria en Malvinas. Foto: Infobae

Cuando atravesaron las primeras líneas argentinas algunos iban en silencio mientras que otros comentaban sobre el armamento que llevaban. Estaban a próximos al lugar de cuando sintieron un ruido en la parte trasera del “Puma”. El Sea Harriet de los ingleses habían impactado contra el helicóptero argentino. Todo fue gritos, miedo y una estrepitosa caída desde el aire.

El héroe formoseño que salvó a tres compañeros en Malvinas

El piloto logró evitar que el helicóptero se estrellara. Acosta se tiró desde una ventana antes de impactar contra el suelo. El peligro era inminente porque llevaban armamento que explotaría en cualquier momento. “Vi llamas y mucho humo denso, negro, espeso. Pensé que estaba entregado, vencido. Pero de pronto algo pasó y me di cuenta que tenía que moverme porque todo estallaría en un instante. Me pareció que una luz venía de un costado: era el sol que entraba por el techo de la cabina, era la salida, era la vida. Entonces, lo vi a Acosta que se asomaba y me hacía señas desesperado para que saliera. Me ayudó a escapar de ese infierno y nos abrazamos”, relató Miguel Víctor Pepe.

El combatiente le dijo a Acosta que había otros compañeros atrapados dentro del helicóptero. El formoseño agarró una mano que se asomaba. Se aferró a ella y sacó al subalférez Aranda en pocos segundos. “Doy la vuelta y veo al sargento primero Justo Rufino Guerrero, boca abajo, sobre el suelo. Me dice: ‘Hermano, sácame de acá’. Le dije: ‘Tranquilo, tranquilo. No quiero hacer más daño’. Tenía las piernas destrozadas, como si se las hubieran cortado con un machete”, contó Pepe.

Durante la Guerra, Raúl Acosta formó parte del Escuadrón Alacrán de Gendarmería. Foto: Infobae

Fue ahí cuando volvió a aparecer Acosta y junto con el comandante San Emeterio, Aranda y Pepe logran rescatar al sargento primero Justo Rufino Guerrero. “Logramos sacarlo con cuidado, pero rápido. Allí estaban todos los explosivos. Lo llevamos a unos 25 metros. Acosta dijo: ‘Uno más, un poco más’. Temía por el estallido. La idea era dejarlo a salvo y volver”, relató el sargento.

Pero en ese instante ocurrió lo más temido: el helicóptero con todos los explosivos voló en mil pedazos y seis soldados argentinos perdieron la vida.

La carta de despedida de Ramón Acosta a su pequeño hijo

Siete días después del ataque, Ramón decidió escribirle una carta a su hijo mayor. Se había ido de su casa el 26 de mayo sin decir adiós. Acosta le contó a un suboficial que no quería que su hijo esté enojado con el por no haberse despedido: “No quiero que esté enojado porque me fui sin decirle adiós, no quiero que eso lo distraiga de sus estudios”.

La mañana del 26 de mayo Ramón se dirigió a Campo de Mayo para luego ir a Malvinas. Ese día vio por última vez a su mujer Virginia y a su hija Sandra en su casa de Paso del Rey, provincia de Buenos Aires. Pero no pudo abrazar a su hijo Diego que ya estaba en la escuela ni decirle cuanto lo divertían las discusiones por que tenían por ser él hincha de Racing y su hijo de Independiente.

Ramón Acosta y su hijo Diego de quien no pudo despedirse personalmente antes de ir a Malvinas, pero le envió una carta por su cumpleaños número 12. Foto: Infobae

Acosta pasó despacio frente a la escuela de Diego, que estaba en sexto grado pero no se atrevió a entrar. “No quise interrumpir la clase, estaba de uniforme y no quería que pensaran que uno buscaba ufanarse por el clima de algarabía que existía por Malvinas”, le dijo a un compañero en Malvinas.

El 10 de junio de 1982 una emboscada sorprendió al Escuadrón Alcarán de Gendarmería. El formoseño murió luchando por defender a su patria. Sin embargo, logró despedirse de su hijo. El 2 de junio, en un refugio cerca de Monte Kent, el formoseño le escribió una carta a su hijo Diego, que estaba por cumplir 12 años.

La carta que el combatiente formoseño le escribió a su hijo Diego el 2 de junio de 1982 desde un refugio cerca de Monte Kent. Foto: Infobae

Querido hijo Diego, qué tal muchacho? Cómo te encuentras?

Perdóname que no me haya despedido de ti, pero es que no tuve tiempo, por eso es que te escribo para que sepas que te quiero mucho y te considero todo un hombrecito y sabrás ocupar mi lugar en casa cuando yo no estoy.

Te escribo desde mi posición y te cuento que hace dos días íbamos en un helicóptero y me bombardearon, cayó el helicóptero y se incendió, murieron varios compañeros míos pero yo me salvé y ahora estamos esperando el ataque final.

Yo salvé tres compañeros de entre las llamas. Te cuento para que sepas que tienes un padre del que puedes sentirte orgulloso y quiero que guardes esta carta como un documento por si yo no vuelvo: o si vuelvo para que el día de mañana cuando estemos juntos me la leas en casa.

Nosotros no nos entregaremos, pelearemos hasta el final y si Dios y la Virgen permiten nos salvaremos. En estos momentos estamos rodeados y será lo que Dios y la Virgen quieran.

Recen por nosotros y fuerza hasta la victoria final.

Un gran abrazo a tu madre y a tu hermana – cuídalas muchos, como un verdadero Acosta. Estudiá mucho.

¡VIVA LA PATRIA!

Papá

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