Así vivía Sofía Gala cuando tenía 14 años: el departamento que armó para independizarse de Moria Casán
La hija de Moria armó un lugar para tener mayor independencia y lo convirtió en una extensión de su personalidad.


Sofía Gala Castiglione creció rodeada de cámaras y exposición mediática por ser hija de Moria Casán, pero desde muy joven buscó construir una identidad propia. Esa necesidad de independencia también tuvo una expresión concreta dentro de la casa familiar: cuando tenía apenas 14 años, comenzó a ocupar su propio espacio en la propiedad de Parque Leloir.

Se trataba de un departamento de dos ambientes ubicado en la planta alta de la vivienda de Moria. Lejos de responder a una decoración planificada bajo un único estilo, el lugar reunía colores intensos, objetos personales, fotografías y elementos llamativos que funcionaban como una radiografía de los gustos de Sofía durante su adolescencia.

Años atrás, durante una emisión del programa Versus, la actriz permitió que las cámaras recorrieran ese refugio. “Es un cuarto normal y corriente...”, aseguró entonces. Sin embargo, las imágenes mostraban un interior difícil de definir como convencional.
Uno de los aspectos más llamativos del departamento era el uso del color. En el living, las paredes naranjas construían una base vibrante que se alejaba de los tonos neutros y sobrios habituales en una casa tradicional.
Contra una de las paredes se encontraba un sillón blanco, acompañado por almohadones de colores y estampados a rayas. La combinación permitía que el mobiliario más neutro equilibrara visualmente un ambiente en el que prácticamente todos los elementos buscaban llamar la atención.
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— Vía País (@ViaBsAscomar) August 19, 2026
Las fotografías también ocupaban un lugar importante. Sofía había decorado las paredes con imágenes junto a sus amigos y diferentes recuerdos vinculados al cantante Rodrigo Bueno. Los cuadros del artista cordobés reforzaban el carácter personal del espacio: más que seguir tendencias, la decoración funcionaba como una colección de referencias afectivas.
Otro detalle particular era una mesa donde exhibía su colección de duendes. Así, los objetos decorativos no tenían solamente una función estética, sino que estaban vinculados directamente con sus intereses.
El departamento no contaba con cocina y todavía tenía sectores en proceso de acondicionamiento. Durante el recorrido, por ejemplo, Sofía mostró un baño que se encontraba clausurado porque estaba siendo arreglado.
Para organizar los ambientes recurrió a una solución mucho más informal: cortinas traslúcidas con brillo funcionaban como separadores y marcaban el paso hacia un pasillo.

Este recurso aportaba movimiento y reforzaba una estética muy vinculada con finales de los años 90 y comienzos de los 2000, cuando las telas translúcidas, los colores saturados y los acabados brillantes tenían una fuerte presencia en la decoración juvenil.
Esa impronta continuaba en el dormitorio. Allí, las paredes azules servían de fondo para una cama de dos plazas ubicada en el centro. Una tela de tul extendida sobre el techo, un sofá cama y una bola de boliche completaban una composición descontracturada, con ciertos guiños psicodélicos.
Uno de los grandes protagonistas del dormitorio era el ventanal con vista hacia el patio de la propiedad. La abertura generaba una conexión directa entre la planta alta y los espacios exteriores compartidos con la casa de Moria Casán.
Precisamente por esa exposición, Sofía había encontrado una solución sencilla para preservar su intimidad. Cuando la cronista le señaló que desde allí podía observar lo que sucedía abajo, respondió: “De acá espío todo. Y cuando no quiero que vea, bajo la cortina”.

La búsqueda de privacidad también aparecía en otros detalles. La adolescente contó que cerraba con llave para evitar visitas inesperadas de su madre y tenía sobre la mesa de luz una caja decorada con fotografías de diferentes momentos de su infancia. Cuando quisieron mostrar su contenido ante las cámaras, aclaró que guardaba objetos privados y explicó que la usaba “para disimular”.
Visto desde el diseño interior, quizás lo más interesante de aquel departamento no estaba en el valor de sus muebles ni en una corriente decorativa específica, sino en la manera en que cada elección ayudaba a construir identidad.
El naranja y el azul de las paredes, las cortinas brillantes, las fotografías, los duendes, el tul y los objetos relacionados con sus ídolos componían un interior espontáneo y profundamente personal.
A sus 14 años, Sofía Gala había transformado una parte de la casa de Moria Casán en un pequeño universo propio. La propia conductora celebraba entonces la fuerte personalidad de su hija: “Dicen que es igualita a mí y me supera mentalmente. Tengo un cloncito maravilloso, la amo”.

Con la presencia de Sofía Gala en la serie sobre Moria Casán estrenada el 14 de agosto en Netflix, aquella etapa vuelve a cobrar actualidad y permite recuperar las imágenes de un refugio adolescente que, incluso en su decoración, ya mostraba su búsqueda de independencia.