El origen de la emotiva historia detrás de la cábala de los caramelos de Rodrigo de Paul y Leandro Paredes
La mamá del mediocampista de la Selección Argentina reveló el trasfondo íntimo de la famosa rutina que su hijo comparte con Leandro Paredes


Rodrigo de Paul es una de las figuras más consolidadas y queridas dentro de la Selección Argentina, destacándose por su regularidad, despliegue y entrega en el mediocampo del equipo nacional. El talentoso volante surgido de las inferiores de Racing, con un presente de élite indiscutido en el plano internacional.

Dueño de una constancia envidiable que lo posiciona como una pieza indiscutida para el cuerpo técnico de Lionel Scaloni en pleno Mundial 2026, el mediocampista no olvida los peldaños que tuvo que escalar para llegar a la cima mundial. Detrás del brillo de las medallas y los estadios repletos existe una historia de enorme esfuerzo y postergaciones familiares.

La familia del jugador comparte un lazo inquebrantable que se forjó en los momentos de mayor incertidumbre deportiva. Esta contención afectiva fue la que impulsó a su madre, Mónica, a recordar públicamente las etapas más complejas del camino, convirtiendo sus vivencias en un relato honesto sobre el verdadero costo emocional que afrontan los futbolistas desde muy jóvenes para alcanzar sus metas.

La mamá de Rodrigo de Paul reveló detalles inéditos sobre la época en la que el volante asistía a sus primeros entrenamientos infantiles acompañado por su abuelo Osvaldo, quien falleció en 2009 sin verlo debutar. Las declaraciones de su mamá se centraron en el inmenso sufrimiento silencioso del abuelo y todo el esfuerzo que hacía para que De Paul pueda cumplir su sueño.

Rodrigo de Paul y Leandro Paredes son jugadores muy importantes dentro del plantel de Lionel Scaloni. Son una dupla que ha logrado ganarse un lugar en el corazón de los hinchas. Una llamativa cábala que comparten antes de los partidos llamó la atención de todos.

La mamá de Rodrigo de Paul reveló el detrás de escena de la cábala de los caramelos: “Los caramelos quedaron por el abuelo. Cuando lo llevaba a entrenar mi papá, le dejaba unas monedas para que él se compre en el buffet los caramelos masticables. Durante muchos años, Rodrigo nunca supo que esas monedas que le daba a él eran las monedas del viaje. Mi papá se volvía a la casa caminando"