Más que una cábala: la verdadera historia detrás de los caramelos que come Rodrigo De Paul antes de cada partido
El futbolista de la Selección Argentina incorporó una costumbre que esconde el enorme sacrificio de su abuelo Osvaldo y un secreto familiar que descubrió de grande.
Más que una cábala: la verdadera historia detrás de los caramelos que come Rodrigo De Paul antes de cada partido(Web)
La imagen se repite de manera idéntica antes de cada partido de la Selección Argentina: Rodrigo De Paul y Leandro Paredescaminan por el césped con ropa de entrenamiento, recorren el campo y, parados cerca del círculo central, mastican caramelos mientras charlan y miran a las tribunas buscando a sus familias.
Lo que nació como una rutina compartida para distender los nervios en la Copa América 2021 se transformó en una de las cábalas más sagradas del plantel. Aunque, para el actual volante, esta costumbre esconde una historia familiar de amor absoluto, carencias ocultas y un pacto eterno que recién salió a la luz por boca de su propia madre, Mónica.
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El origen de este rito se remonta a las épocas en que un pequeño Rodrigo daba sus primeros pasos en las divisiones inferiores de Racing Club. Su abuelo Osvaldo era el encargado diario de custodiar ese sueño: lo acompañaba a tomar el colectivo, lo miraba entrenar y, antes de dejarlo en el club, repetía un gesto hermoso. Le daba unas monedas para que se comprara caramelos masticables en el buffet.
El secreto que el abuelo Osvaldo se llevó a la tumba
Durante años, el volante de la Selección creyó que aquello era una simple atención cotidiana. Sin embargo, la realidad era mucho más dura y conmovedora. Mónica Ferrarotti, la mamá del mediocampista, fue quien rompió el silencio para revelar el trasfondo que emocionó a los hinchas.
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"Durante muchos años, Rodrigo nunca supo que esas monedas que le daba a él eran las monedas del viaje. Mi papá se volvía a la casa caminando y le daba esas monedas para que él se compre los caramelos cuando iba a entrenar", relató con profunda emoción.
Osvaldo caminaba kilómetros de regreso a su casa con tal de que a su nieto no le faltara esa pequeña alegría. El abuelo falleció en 2009 y no llegó a ver el debut de su nieto en la Primera División, ni su consagración en el Maracaná, ni la gloria absoluta en el Mundial de Qatar.
Pero el lazo sigue intacto: Rodrigo lleva un tatuaje en su brazo izquierdo con la frase “para siempre en mi corazón” y se besa la muñeca en cada festejo apuntando al cielo. “El abuelo me ayuda, el abuelo me ayudó”, suele repetir el futbolista en la intimidad.
De ritual de infancia a cábala de la Selección Argentina
Aquel recuerdo íntimo se convirtió en una mística colectiva dentro de la concentración argentina en 2021. Fue Leandro Paredes quien detalló que, durante los largos días de encierro de aquella Copa América, los jugadores empezaron a consumir golosinas para calmar la ansiedad. El éxito absoluto de ese torneo, que cortó la racha de 28 años sin títulos, selló el destino de la rutina.
Con los años, el rito se volvió estricto y sumó reglas numéricas. Leandro Paredes consume exactamente 7 caramelos (cuatro azules y tres amarillos, en un claro guiño a su amor por Boca). Mientras que Rodrigo De Paul come un total de 14 caramelos, aunque sin una preferencia fija por los colores.