El Fondo Monetario Internacional (FMI) evitó pronunciarse sobre los malos resultados económicos que se hilvanaron en las últimas semanas en materia de inflación, recaudación y desempleo, al tiempo que volvió a dilatar el desembolso de U$S 1.000 millones correspondiente al programa en curso.

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El organismo ofreció el pasado jueves su habitual conferencia de prensa quincenal en Washington –de la que participó Vía País de forma on line- donde el impacto del conflicto en Medio Oriente fue un eje central. Sin embargo, al abrirse la ronda de preguntas la situación de la Argentina cobró relevancia.
Las consultas fueron específicas y directas: cuándo culmina la revisión y cuál era la opinión del organismo acerca del aumento del desempleo, la caída de la recaudación y la suba de la inflación.
“Las conversaciones por la segunda revisión y del Artículo IV están en curso y daremos más información a medida que progresen”, se limitó a contestar la vocera del FMI, Julie Kozack.
El staff técnico estuvo hace más de un mes en Buenos Aires realizando la auditoría y luego el viceministro, José Luis Daza viajó a Washington para una segunda ronda de consultas. Los plazos para el cierre del reporte y la elevación de la recomendación de aprobación al Directorio ya excedieron los plazos habituales.
Con gestos de querer salir rápido de la situación, la portavoz eludió el resto de las preguntas que apuntaban al corazón del programa económico del gobierno de Javier Milei, que el FMI apoya en el plano general y sobre el cual fue muy elogioso en anteriores oportunidades.
“El trabajo entre el personal del FMI y las autoridades es cercano”, se limitó a reiterar a fin de mantener el tono diplomático acostumbrado en este tipo de relaciones.
De manera quirúrgica, la portavoz eligió hablar satisfactoriamente de las reformas que sancionó el Congreso Nacional que a juicio del organismo, sientan las bases para el repunte de la economía.
Desde el inicio de marzo el programa económico del gobierno encadenó una serie de datos negativos, de impacto mayoritario en la economía doméstica.
La recaudación impositiva sufrió una caída real de 9%, producto de la caída de la actividad y del consumo. La inflación de febrero fue de 2,9%, el mismo nivel que en enero y sin perspectivas de atenuarse en febrero. Y la desocupación a fin de 2025 aumentó a 7,5%, con lo cual sumó 200.000 desempleados, para llegar a un total de 1.600.000 personas sin trabajo.
Todos estos indicadores contrastan con el ordenamiento que muestran las cuentas macroeconómicas, principal foco del programa que la Argentina tiene con el FMI.
En ese sentido, Kozack recalcó que “el Banco Central compró U$S 5.500 millones en reservas desde el comienzo del año, equivalente a unos U$S 75 millones por día. Además el Tesoro ahora está emitiendo bonos regularmente en el mercado y el apetito por estos instrumentos ha sido fuerte”.
Al momento el organismo no tiene respuesta a la diferencia que existe entre el orden de las cuentas y la falta de resultados en la economía doméstica.
Respecto de la posición del país frente al conflicto, Kozack destacó que se encuentra en una mejor situación que años atrás para afrontar el shock.
“Argentina puede abordar bastante bien el shock porque ahora es exportador neto de energía”, explicó la vocera y recordó que “en 2022 cuando tuvimos el último shock de precios importantes de la energía Argentina fue importador neto y ahora es exportador neto”.
En ese sentido, subrayó que vendió U$S 8.000 millones en petróleo y gas durante 2025.
“Esto representa una diferencia muy importante en comparación con el último shock de precios de la energía”, insistió
Sin embargo, reconoció que “la situación se encuentra en constante evaluación y es incierta”.
Como marco general el FMI señaló que el impacto real de la guerra estará directamente vinculado a la extensión en el tiempo y a su intensidad. De todas maneras espera que haya un aumento en el precio de la energía considerable que golpeará en los precios de la economía en general y en especial en los alimentos.

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La duración de las acciones bélicas, pero en especial el cierre del estrecho de Ormuz por donde pasa el 20% de la economía mundial, se transformó en el tema central de la guerra.
En este contexto, el FMI aconsejó a los gobierno y a los Bancos Centrales que sigan de cerca la evolución del precio de la energía y que consideren de manera especial el impacto sobre las expectativas, además de monitorear la “inflación de segunda ronda”.
