Taparon el frente en la madrugada y nadie avisó: un clásico de la avenida Corrientes amaneció cerrado y todo indica que bajó la persiana para siempre. Se trata de El Palacio de la Papa Frita, el emblemático restaurante porteño que abrió en 1952 y que durante más de 70 años fue parada obligada después del teatro o el cine.

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El local apareció tapiado el martes 3 de marzo. No hubo comunicado oficial y hasta en Google figura como “abierto”.
Los empleados se enteraron del cierre cuando llegaron a trabajar esa misma mañana. Hasta el día anterior, el salón había funcionado con normalidad.

Por el momento, los dueños no confirmaron oficialmente que el cierre sea definitivo. Sin embargo, no hay comunicación pública, los carteles con los precios fueron arrancados y en redes sociales no hubo actualizaciones: las últimas publicaciones tienen varios años. Incluso, al buscarlo en Google todavía aparece como “abierto” y con sus horarios habituales.
Versiones, crisis y el impacto del consumo
Entre vecinos y comerciantes de la zona circula una versión: un grupo gastronómico con presencia en el microcentro podría hacerse cargo del espacio. Pero, hasta ahora, son solo trascendidos.
En los últimos años, el restaurante había sentido con fuerza la caída del consumo. Si bien turistas y habitués del centro lo seguían eligiendo, la clientela estaba lejos de sus épocas doradas.
Antes incluso del golpe de la pandemia, el histórico local ya había iniciado un proceso de achique. En 2019 cerró su sede de la calle Lavalle con la idea de mudarse a Suipacha, casi Corrientes. El proyecto nunca se concretó tras la llegada del Covid-19.

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Un ícono porteño con sello oficial
El Palacio de la Papa Frita fue distinguido como restaurante notable de la Ciudad de Buenos Aires. En el sitio oficial del Gobierno porteño lo describen como “un clásico de la calle Corrientes” y destacan la abundancia de sus platos.

Su slogan era inolvidable: “Donde siempre son las 12 para comer”. El reloj de su logo y del frente del edificio reforzaba esa identidad nocturna, ligada al pulso teatral del corredor cultural más emblemático de la ciudad.
Desde su inauguración en 1952, el restaurante ofreció bifes de chorizo de novillo de exportación y asado de tira de siete costillas. Pero su fama giró en torno a un plato: las papas fritas soufflé, infladas como zeppelines. Según la tradición del lugar, el secreto estaba en el corte y en una fritura en tres temperaturas distintas.
El menú clásico incluía también buñuelos de verdura, escalopes a la romana, suprema a la Maryland, budín de pan y panqueques flambeados al ron.
Las figuras que pasaron por sus mesas
A lo largo de siete décadas, por sus salones pasaron personalidades como:
- Arturo Frondizi
- Arturo Umberto Illia
- Celia Cruz
- Astor Piazzolla
- Luis Aguilé
- Julio Iglesias.
Un video de su inauguración mostraba imágenes en blanco y negro mientras un locutor describía al restaurante como “el único del mundo con la cocina a la calle”, donde los cocineros trabajaban a la vista del público.
¿El fin de una era en Corrientes?
Aunque no hubo confirmación oficial, los indicios y los testimonios de vecinos y empleados apuntan a un cierre definitivo. De confirmarse, significaría la despedida de uno de los restaurantes más emblemáticos de la gastronomía porteña, con más de 70 años de historia.
En una avenida que cambió su fisonomía con el paso del tiempo, la posible pérdida de este ícono suma un nuevo capítulo al mapa gastronómico de Buenos Aires, golpeado por la crisis y la transformación de hábitos de consumo.
