Más de 1,9 millones de personas cayeron en la pobreza entre enero y junio de este año

El total de pobres supera los 15 millones y más de 3,5 millones son indigentes.

Más de 1,9 millones de personas cayeron en la pobreza entre enero y junio de este año
Pobreza en la Argentina (WEB)
27 de septiembre de 2026, 08:00

Más de 1.900.000 personas cayeron en la pobreza entre enero y junio de este año, producto del deterioro de la actividad económica y de la caída de los ingresos.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó este jueves que la tasa de pobreza en el primer semestre creció a 32,3%, 4,1 puntos porcentuales por encima del segundo semestre de 2025.

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En consecuencia, 15.180.000 personas no cuentan con ingresos mínimos para cubrir sus necesidades básicas en la Argentina. Si se compara con el primer trimestre de 2025 hubo un avance de 0,7 puntos, lo que equivale a 329 mil personas.

El resultado es diferente cuando se coteja con el primer semestre de 2024, período en el que la pobreza se había disparado al 52,9%, producto de la devaluación que decidió el presidente Javier Milei al asumir en diciembre de 2023 que disparó la tasa de inflación al 25%.

En tanto, la indigencia en el primer semestre ascendió a 7,5%, que representa a 3.525.000 personas. Con relación al segundo semestre se produjo un incremento de 1,7 puntos, que se aproxima a 800.000 personas. Respecto al primer semestre de 2025 el aumento es de 0,6 puntos, equivalente a 282.000 personas. En comparación con el primer semestre de 2024, la indigencia cayó 10,6 puntos, que representa unos 5 millones de personas.

Es en las comparaciones con el primer período de 2024 donde se apoya el Gobierno para rescatar su gestión.

En recientes declaraciones en Estados Unidos, Milei insistió en que desde que asumió la presidencia “salieron de la pobreza 14 millones de personas”.

Bajo la misma premisa, el ministro de Economía, Luis Caputo, sólo se limitó a resaltar que “si bien las tasas de pobreza y de indigencia se incrementaron 4,1 puntos y 1,2 puntos en relación al semestre previo, ambas tasas registraron una fuerte baja en relación al primer semestre de 2024”. Con la simple publicación de un posteo destacando una comparación conveniente, el ministro se privó de ofrecer una evaluación más amplia de cómo será el plan para revertir la tendencia. Tampoco ninguno de sus habituales asesores de activa participación en redes sociales se refirió al deterioro de la situación social del país.

Este resultado tiene origen en el incremento de la Canasta Básica Total (CBT) y de la Canasta Básica Alimentaria (CBA). La primera define la línea de pobreza y mide el costo de un conjunto de alimentos y servicios mínimos para la subsistencia mensual de un adulto. La segunda determina el umbral mínimo de ingreso para superar la indigencia y solo está integrada por alimentos. A junio, la CBA había subido 21,4% y la CBT 19,7%, ambas por encima de la inflación que fue de 16,8%.

En consecuencia, los precios de los bienes y servicios esenciales subieron por encima del costo de vida lo cual impacta en forma directa en los sectores más vulnerables. A eso debe sumarse la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, que de acuerdo a datos del propio Indec, se ubicó en el orden de 3%.

En el Gobierno nacional señalan que la situación se modificará hacia fin de año. La principal apuesta es a que caiga la inflación y por ende mejoren los ingresos. El propio Indec reconoció en el informe que los ingresos crecieron muy por debajo de la CBT y la CBA.

El economista Christian Buteler planteó que “la dinámica de la pobreza cambió de motor. En 2024 tocamos el pico tras el shock inflacionario y devaluatorio de 2023. La fuerte desinflación de 2025 trajo alivio temporal. Pero entramos a otra fase. Hoy el flagelo es la pobreza ya no por salto de precios, sino por caída del ingreso”.

La pobreza, región por región

En la distribución geográfica, la peor situación se encuentra en el noreste del país donde la pobreza afecta al 41,5%. Dentro de esa zona aparece Gran Resistencia al tope de la marginalidad con una tasa de 48,6%. Luego aparecen Posadas (42,2%), Corrientes (41%) y Formosa (29,9%).

La segunda región más afectada es Cuyo con una tasa de 36,7%, liderada por el Gran Mendoza (36,9%), Gran San Juan (36,8%) y Gran San Luis 35,7%.

El tercer conglomerado con peor situación social es el AMBA, donde el conurbano muestra una pobreza de 36,9% contra la Ciudad de Buenos Aires donde es de 11,9%.

Luego aparece en noroeste, donde la pobreza es de 31,5% con La Rioja (38,4%) y Catamarca (37,3%) como las más complicadas.

En la región pampeana la pobreza afecta al 30,3%. La peor situación se observa en Concordia donde alcanza a 56,2% y la convierte en la ciudad de país en peor situación social. En Santa Fe se ubicó en 38,6% y en La Plata en 37,8%.

En tanto, en el Gran Córdoba alcanzó a 31,1%, levemente por encima de la región, pero por debajo del promedio nacional.

En la Patagonia, la pobreza total es de 28,4% y se destaca la situación del conglomerado Neuquén-Plottier donde cae a 19,6%, lo que la convierte en la región del país de mejor situación socioeconómica. Esto coincide con el auge de la explotación petrolera en Vaca Muerta. El segundo polo importante regional es Viedma-Carmen de Patagones donde trepó a 33,2%.

Uno de los datos más alarmantes es que el 44,5% de los chicos entre 0 y 14 años está en condición de pobreza. A su vez, en los mayores de 65 años escaló a 14,8%.

Debido a este escenario de fragilidad, el Gobierno nacional decidió mantener partidas de ayuda social que pretendía suprimir y al mismo tiempo pausó la quita de subsidios para atenuar el aumento de las tarifas de servicios públicos.

Tras conocerse el dato del Indec, la UCA publicó un documento en el que resaltó que “más allá de las oscilaciones coyunturales, los datos vuelven a mostrar la persistencia de un núcleo estructural de pobreza del orden del 30% de la población y de pobreza extrema cercana al 7%”.

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“No se trata de un “piso natural”, sino de una expresión de déficits acumulados de integración laboral, productividad, educación, hábitat, acceso a servicios y protección social”, añadió la UCA.

En esa línea insistió en que “La desaceleración inflacionaria puede reducir rápidamente la pobreza monetaria cuando mejora los precios relativos, pero no modifica por sí sola esas condiciones estructurales”.