Donde comen dos, comen tres y comen 100, en un rincón de Unquillo en el que tres veces a la semana entregan raciones de comida a los vecinos de San Miguel, que forman la fila para llevarse un plato y un pedazo de pan.

Cada porción es el resultado de una tarea que comenzó como una pequeña iniciativa de unas pocas familias de la calle Alfonsina Storni, que pensaron en ayudarse entre ellas y que a los pocos días se transformó en Les Miguelites, un comedor solidario que llegó a dar 120 raciones.

El máximo de comensales los tuvieron durante los días de cuarentena estricta, cuenta Andrea, que junto con su pareja Nicolás, son los dueños de casa, donde se cocina y se entregan las viandas.

Todo comenzó con un accidente moto cuando él regresaba de sus tareas como herrero, justo en la misma semana de marzo en la que se declaró la cuarentena, que nadie, ni ellos, pensaba que se iba a extender tanto tiempo.

También pensaba lo mismo el amigo que se dedica al rubro gastronómico, que les prestó la olla de 70 litros que vienen usando para poder cocinar para tanta gente y que ahora deben devolver a su dueño, que la necesita para trabajar en estos meses.

JOSE HERNANDEZ
JOSE HERNANDEZ
Merendero comedor Les Miguelites barrio San Miguel Unquillo. Las tareas comienzan varias horas antes de las 19. Fotografia Jose Gabriel HernandezJosé Hernandez | 36
Nicolás y Andrea, los impulsores del comedor.JOSE HERNANDEZ
Merendero comedor Les Miguelites barrio San Miguel Unquillo Fotografia Jose Gabriel HernandezJosé Hernandez | 36
Merendero comedor Les Miguelites barrio San Miguel Unquillo Fotografia Jose Gabriel HernandezJosé Hernandez | 36
Merendero comedor Les Miguelites barrio San Miguel Unquillo Fotografia Jose Gabriel HernandezJosé Hernandez | 36

“Pensábamos en organizar un bingo para recaudar el dinero, pero la pandemia no lo permite”, cuenta Andrea que fue quien publicó el aviso en Facebook, a la espera de conseguir este elemento que se volvió indispensable cuando comenzaron a llegar más personas al comedor.

El comedor necesita una donación esencial (Facebook).

La malaria existe, hay que nombrarla pero también hay que ponerse en acción, como hace este grupo de mujeres y algunos hombres, que cortan verduras, amasan, juntan la leña y hacen el fuego en el patio, todo con mucha anticipación porque 100 platos no se hacen en un rato.

La hora de entrega comienza a las 19, en una mesa dispuesta en el patio, pero las tareas arrancan a la mañana, cuando Andrea ve qué hay para cocinar, sobre todo con lo que llega de las donaciones.

Con esa información comienza la “asamblea” por Whatsapp en la que definen cuál va a ser el menú y a qué hora comenzarán a elaborarlo, con el equipo que forman Gabriela, Vero, Nati, Vanesa, las dos Lourdes, Marcela y Rosario.

Por suerte, son varios los que hacen aportes, como la red de Comedores Solidarios de Unquillo que les manda una bolsa de cebollas, una de papa y una de zanahoria y la Panadería Aquino, que les da 5 kilos de pan.

También suelen recibir donaciones de carne y de pollo: “aprendimos a agregarle sémola para trabajar la molida de pollo, que es muy húmeda, para poder hacer albóndigas y hamburguesas”, explica Andrea que destaca: “queremos siempre ofrecer buenos platos, que no sea sólo un guiso, sino que sea algo rico y nutritivo”.

El comentario surge mientras espiamos a las mujeres que en plena siesta otoñal amasan con gran oficio la harina que ser volverá sorrentinos de ricota.

¿Qué proporciones manejan? es lo primero que queremos averiguar y logramos la receta: son seis kilos de harina y 30 huevos en total, para darle forma a 600 sorrentinos: “la sal y la pimienta, van a gusto, según la preparación”.

Son las 16.30, todavía faltan más de dos horas, pero Nicolás ya enciende el fuego y llena la olla con una manguera: “calculamos que debe llevar medio kilo de sal gruesa cuando empieza a hervir”, dice detrás del barbijo el “hombre del cucharón”, que usa esa medida para dar exactamente la misma porción a cada uno.

La pandemia está presente y obliga a realizar todo al aire libre, pero ni con el frío invierno serrano han faltado ni han sido impuntuales los comensales, que han concurrido incluso bajo la lluvia.

La lluvia, sobre todo en este verano, han complicado la cosa: “tuvimos que cocinar con gas”, explican y no hace falta señalar que el precio de la garrafa se ha vuelto un problema.

Con las aperturas de las actividades, se redujo la cantidad de gente, pero hay muchos que no tienen la posibilidad de trabajar y dependen del comedor, en lo que muchas veces es la única comida del día, que llega gracias a un gesto tan noble y generoso.

Cómo colaborar: el comedor Les Miguelites necesita una olla de 70 litros, pero también se pueden acercar muchas otras donaciones ya que usan los utensilios de su casa. Siempre suman alimentos, leña y materiales de construcción ya que proyectan una galería, donde poder continuar con las clases de apoyo escolar y merienda, que dan los jueves.

El celular es 3543 512408.