"Tríos, menores y drogas": el horror detrás de Wachitas Bar
El testimonio de una ex trabajadora del bar habría expuesto un perverso entramado. Qué dicen desde el local.


El avance de la investigación por el femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años cuyo caso conmociona al país, sumó en las últimas horas un testimonio fundamental que describiría el supuesto funcionamiento interno de Wachitas Bar.

Carla, una mujer que frecuentaba el lugar, denunció en diálogo con El Doce que el sitio operaba bajo una fachada legal cuando en realidad funcionaba como un "prostíbulo" marcado por la vulnerabilidad extrema de las mujeres que allí trabajaban.
Según el relato de la denunciante, las condiciones en las que se desarrollaban los supuestos encuentros sexuales en el primer piso del bar eran inhumanas. Carla describió el espacio como una habitación precaria con una higiene inexistente: "Era una habitación con una cama de dos plazas, un baño chico y mugre, mugre, y más mugre", afirmó.

La mujer también apuntó contra Soledad Adreani, quien fue señalada por retener el dinero de las trabajadoras bajo falsas promesas de adquirir insumos básicos de limpieza e higiene que nunca llegaban. "Nunca compró un balde de lavandina, nunca compré un jabón, nunca una toalla", reclamó.
Uno de los puntos más graves de la denuncia es la confirmación de la presencia de menores de edad en el establecimiento y la realización de las denominadas "fiestitas negras". Según la denunciante, estas prácticas consistían en tríos u orgías donde las mujeres eran obligadas a mantener relaciones sexuales con varios hombres en simultáneo.

Carla explicó que la encargada se enfurecía cuando ella se negaba a participar de estas prácticas o cuando exigía el uso de preservativos. "A mí lo que me daba tristeza eran las otras chicas porque sí lo tenían que hacer", lamentó en referencia a las condiciones de extra vulnerabilidad económica en las que se encontraban.
La comercialización de estupefacientes dentro de Wachitas Bar era, según el testimonio, una actividad central del negocio. Carla identificó directamente a la administradora como la responsable del suministro: "Las drogas ¿quién las suministraba? Ella la vendía. Ella vendía drogas en el lugar".

Respecto al control estatal, la testigo aseguró que, aunque la Municipalidad clausuraba el lugar, las fajas eran violadas sistemáticamente tras el pago de supuestos sobornos. "La municipalidad clausuraba el lugar pero bueno, después se pagaba y se volvía a abrir", sentenció.
La trama se vuelve aún más compleja con la mención de "la gringa Ludmila", supuesta pareja formal de Claudio Barrelier y presunta cómplice de la administradora de Wachitas. Según la denunciante, a esta mujer "se la tragó la tierra" tras el inicio de la investigación, y exige que la Justicia indague sobre su paradero y su rol en la organización
Tras la aparición de Soledad Andreani en el caso de Agostina, el bar emitió un comunicado a través de redes sociales. “El bar Wachitas Bar no tiene ningún tipo de participación ni vinculación con los hechos que actualmente son objeto de investigación por parte de las autoridades competentes”, recitó el escrito.

También aseguraron que las personas señaladas (Andreani y Barrelier) no son propietarias ni forman parte de la titularidad del establecimiento. También remarcaron que colaboraron con las autoridades durante las actuaciones realizadas en el comercio.