Cómo las redes sociales desviaron la búsqueda de Agostina Vega
Se reveló que un "espejismo" posterior al femicidio de la adolescente de 14 años generó una falsa expectativa y complicó las primeras pesquisas.


La investigación por el femicidio de Agostina Vega en Córdoba inició con una confusión digital. El fiscal de instrucción Raúl Garzón detalló cómo el uso de las redes sociales de la menor desvió la atención inicial de los investigadores.

Según el funcionario, existieron indicios técnicos que alimentaron la hipótesis de una desaparición voluntaria durante las primeras horas. Esto generó un “falso optimismo”, según dijo a La Voz, tanto en el equipo de búsqueda como en el seno familiar de la víctima.

La sospecha de que Agostina seguía viva se sustentó en movimientos concretos detectados en sus perfiles. Estos hallazgos demoraron el enfoque de la causa en un momento crítico del proceso.
Garzón explicó que el optimismo provino de mensajes que daban a entender que la menor podría haberse ido por su cuenta. Se barajó la posibilidad de que se hubiera reunido con vínculos propios de su edad en algún sector de Córdoba.

“El optimismo surgió porque la actividad en Instagram, la actividad de algunos perfiles, nos daban la ilusión varias veces de que estaba con vida”, confesó el fiscal.
Incluso, precisó que estas interacciones ocurrieron después de la hora en la que se presume ocurrió el asesinato. Esta situación creó una ventana de duda que los investigadores debieron procesar con cautela.
La fiscalía detectó que se activaron perfiles que mostraban una “coincidencia plena” con la identidad y el entorno de la adolescente. Sin embargo, con el avance de las pericias, se confirmó que no era Agostina quien operaba las cuentas.

“Se activaron otros perfiles que daban prácticamente una coincidencia plena, después obviamente que no era ella”, señaló Garzón. A este panorama se sumaron llamadas y movimientos que daban indicios de supervivencia.
Otro punto clave fue el rastro del teléfono de la víctima. El dispositivo se activó en lugares que resultaban compatibles con los sitios que ella solía visitar, lo que reforzó la pista de un escape voluntario.
A pesar de los rastreos satelitales y las activaciones detectadas en los primeros días, el aparato físico nunca fue recuperado. “Ese teléfono nunca apareció”, confirmó de forma taxativa el responsable de la investigación.
Esta manipulación de las redes y del dispositivo es analizada ahora como parte de las maniobras de ocultamiento. El fiscal destacó que la complejidad del caso obligó a un trabajo interdisciplinario para perforar ese “espejismo” inicial.

Finalmente, Garzón remarcó que, a pesar de estas distracciones tecnológicas, la “prolijidad científica” permitió cercar a los responsables. Actualmente, la causa busca determinar quiénes manipularon estos perfiles para ganar tiempo tras el crimen.