Plantó más de 7.000 árboles en Córdoba para crear una guitarra que se ve desde el espacio
Pedro Martín Ureta transformó un campo cercano a General Levalle en un homenaje único.


En medio de la llanura del sur de Córdoba existe una figura que solo puede apreciarse en toda su dimensión desde el aire. Entre campos y caminos rurales, más de 7.000 árboles forman el contorno de una gigantesca guitarra de un kilómetro de extensión.

Detrás de esta singular obra paisajística hay una historia de amor, duelo y perseverancia. Su creador fue Pedro Martín Ureta, un productor agropecuario que decidió convertir en realidad un sueño que su esposa, Graciela Yraizoz, no pudo cumplir antes de morir.
La enorme guitarra se encuentra cerca de General Levalle y, décadas después de su creación, continúa sorprendiendo a quienes la descubren desde un avión o a través de imágenes satelitales.
La historia comenzó a fines de la década de 1970. Graciela soñaba con diseñar una figura utilizando árboles en el campo familiar, pero falleció en 1977 antes de poder concretar el proyecto.

Dos años después, Pedro decidió cumplir aquel deseo y comenzó una tarea que le demandaría décadas de trabajo. Junto a sus cuatro hijos, inició en 1979 la plantación que terminaría convirtiéndose en uno de los paisajes más singulares de Córdoba. El resultado fue una gigantesca guitarra diseñada sobre la llanura, como un homenaje permanente a su esposa.
Ureta no recurrió a un paisajista ni contó con tecnología especializada para realizar el trazado. El diseño fue elaborado a partir de sus propios cálculos y mediciones sobre el terreno.
Para marcar las proporciones, utilizó incluso a sus hijos como puntos de referencia y fue delimitando las diferentes partes del instrumento: el cuerpo, la boca, el mástil y las cuerdas.

El proceso tampoco estuvo exento de dificultades. Durante los primeros años, animales y plagas dañaron parte de los ejemplares recién plantados. La familia debió reemplazar árboles y protegerlos individualmente para garantizar su crecimiento.

Uno de los secretos para lograr que la figura pudiera distinguirse desde el aire fue la combinación de especies con diferentes tonalidades. Los cipreses, de un verde más oscuro, fueron utilizados para delinear el contorno de la guitarra, el mástil y la boca del instrumento. En cambio, los eucaliptos, de tonalidad más azulada, fueron plantados para formar las cuerdas y generar un contraste visual. En total, la obra requirió más de 7.000 árboles y se extiende a lo largo de aproximadamente un kilómetro.
Por sus dimensiones, la obra solo puede apreciarse completamente desde el aire. La guitarra vegetal se convirtió así en una curiosidad del paisaje cordobés visible para pasajeros de vuelos comerciales y a través de imágenes satelitales.
En 2007, el instrumento Aster, instalado en el satélite Terra de la Nasa, captó una imagen de la gigantesca plantación. Sin embargo, existe un detalle que vuelve todavía más particular esta historia: Pedro Martín Ureta nunca llegó a observar su obra desde un avión.

A pesar de haber dedicado décadas a construir y mantener este homenaje de más de 7.000 árboles, el productor tenía miedo de volar. Por eso, solo pudo contemplar la guitarra completa a través de fotografías aéreas y satelitales.
Así, en un campo del sur cordobés, un sueño inconcluso terminó convertido en un gigantesco homenaje verde que todavía hoy puede verse desde el cielo.