La Perla: tras 50 años de silencio, la tierra de Córdoba decidió hablar
Tras décadas de incertidumbre, se identificaron los restos de 12 personas en el excentro clandestino, brindando verdad a sus familias.


Tras décadas de incertidumbre, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó los restos de 12 personas en excentro clandestino La Perla, algo que finalmente llevó la verdad a sus familias.

La Perla, también conocida por los represores como "la Universidad", fue el centro clandestino de detención, tortura y exterminio más grande del interior del país la última dictadura militar. Se encuentra sobre Ruta Nacional 20, dentro del predio de la Guarnición Militar La Calera. Se estima que por allí pasaron entre 2.200 y 3.000 personas detenidas-desaparecidas, de las cuales la gran mayoría continúa en esa condición

La noticia de la identificación de 12 personas sacudió las fibras más íntimas de la sociedad argentina, especialmente en vísperas de conmemorarse los 50 años del golpe de Estado de 1976. En un rincón de la Guarnición Militar La Calera, conocido como "Loma del Torito", los restos óseos encontrados en 2025 comenzaron a recuperar sus nombres y sus historias. Este hallazgo es el resultado de un trabajo de EAAF, en conjunto con el Juzgado Federal 3 de Córdoba, liderado por el juez Miguel Hugo Vaca Narvaja.
Las historias detrás de estos nombres reflejan la diversidad de un país que fue herido en su médula: estudiantes, obreros, abogados y padres que fueron arrancados de sus hogares entre 1976 y 1977. A continuación, la lista de las identidades confirmadas por la Justicia:

Para dar con estos restos en un predio de 14.000 hectáreas, el equipo científico utilizó tecnología de vanguardia, como el sistema LiDAR (detección mediante pulsos láser). También se cruzaron imágenes satelitales, fotos aéreas históricas de 1979 y testimonios clave de sobrevivientes.

La investigación determinó que los cuerpos fueron enterrados en fosas comunes clandestinas dentro de la zona militar. La labor no fue sencilla, ya que existen evidencias de que la dictadura intentó borrar las huellas mediante la remoción y quema de restos para evitar que fueran encontrados.

El impacto emocional es difícil de poner en palabras, pero los testimonios de los hijos e hijas ayudan a dimensionar la reparación que esto significa. "Ya no soy la hija de un desaparecido, ahora soy huérfana de padre", expresó entre lágrimas María Soledad Nívoli.

Para muchos familiares, este hallazgo permite cerrar un duelo que permaneció abierto por medio siglo. "Lograron darnos lo que nos quitaron", afirmó Rodolfo Reyes, hijo de Oscar Reyes, durante la conferencia de prensa en el Juzgado.

La restitución de la identidad no solo devuelve un nombre a un cuerpo, sino que reintegra a estas personas a su historia familiar y social. Una parte de la tierra cordobesa finalmente dejó de guardar el secreto que los genocidas intentaron sepultar bajo cal y silencio. Estos 12 nombres ya no son números en un expediente; son la prueba irrefutable de que, aunque pasen 50 años, la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia no se detiene.