De Córdoba al Luna Park: el ascenso de Rodrigo Bueno que cambió su vida
Antes de llenar 13 estadios consecutivos, El Potro debutó a los 12 años en boliches cordobeses tras dejar la escuela por el canto.


En abril del año 2000, el mundo del espectáculo argentino fue testigo de un fenómeno sin precedentes: un joven cordobés, vestido de boxeador, lograba agotar 13 funciones consecutivas en el mítico Luna Park. Se trata de Rodrigo Bueno.

Este récord, impensado para un artista de cuarteto en aquel entonces, no fue un golpe de suerte, sino el resultado de una carrera que comenzó en el corazón de barrio San Martín de la ciudad de Córdoba.
Rodrigo nació el 24 de mayo de 1973 en Córdoba Capital, en un hogar donde la música no era un pasatiempo, sino un estilo de vida. Su padre, Eduardo “Pichín” Bueno, era un referente de la industria discográfica en los años 70, mientras que su madre, Betty Olave, aportaba su talento al escribir letras para las primeras formaciones de cuarteto de la provincia.

Con apenas dos años, Rodrigo tuvo su primer contacto con el público masivo de la mano de una leyenda: la Mona Jiménez, amigo cercano de su padre, quien lo subió al escenario durante el programa televisivo “Fiesta Cuartetera”. A los cinco años, ya participaba haciendo coros en discos infantiles como Disco Baby y Nicola Nicolita.
La vocación de Rodrigo era tan fuerte que a los 12 años, dejó la escuela porque su único deseo era cantar. Ese mismo año, la oportunidad tocó a su puerta cuando reemplazó al cantante de la banda “Manto Negro”, lo que le permitió debutar oficialmente en el circuito de boliches de Córdoba.

Su ambición lo llevó a buscar su propio camino rápidamente. A los 15 años escribió su primera canción, titulada “La foto de tu cuerpo”, y en 1987 editó su primer material como solista. Sin embargo, el fenómeno que hoy recordamos empezó a gestarse fuera de su provincia natal.
Aunque sus raíces estaban en Córdoba, la consolidación de su imagen ocurrió en Buenos Aires. Fue en 1991, durante su primer show en la bailanta “Fantástico Bailable” de Balvanera, donde surgió el apodo que lo acompañaría por siempre: El Potro. Desde ese momento, ese escenario se convirtió en un lugar de culto para sus seguidores.

La conexión de Rodrigo con el público de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires fue inmediata y masiva. Su energía sobre el escenario y su carisma lo llevaron a atraer multitudes que desbordaban los locales bailables. Para el verano del año 2000, el éxito era total. Realizó una gira maratónica de 50 shows en la costa bonaerense en una sola temporada. El pico máximo de su carrera llegó con sus presentaciones en el Luna Park, donde su estética de boxeador se volvió icónica.

El 24 de junio del 2000, tras brindar un show en City Bell, el artista falleció en un siniestro vial en la autopista Buenos Aires-La Plata, a la altura del peaje de Hudson. Rodrigo tenía apenas 27 años. El hecho conmocionó al país entero, dejando un vacío en la música popular que, a más de dos décadas, sigue siendo recordado por sus fanáticos como el día en que nació la leyenda.