El caso del bebé que murió baleado por un policía en Córdoba
El dramático hecho mientras el niño jugaba en la vereda de su casa en barrio Marqués Anexo.


La muerte de Santino Cabanillas, un niño de apenas 21 meses, se convirtió en uno de los casos más dolorosos y emblemáticos de violencia institucional en Córdoba. El pequeño murió el 22 de enero de 2016 tras recibir un disparo policial mientras jugaba en la vereda de su casa en barrio Marqués Anexo, en medio de una persecución.

Después de casi una década de espera, la causa finalmente llegará a juicio oral. El principal acusado es el sargento Guillermo Sebastián Torres, quien será juzgado por el disparo que terminó con la vida del niño.
El hecho ocurrió alrededor del mediodía del 22 de enero de 2016. Federico Cabanillas, padre de Santino, estaba en la puerta de su casa jugando con su hijo cuando dos policías perseguían a adolescentes que escapaban en una motocicleta tras un presunto robo.
En ese contexto, los efectivos Guillermo Torres y Matías Venecia comenzaron a disparar con sus armas reglamentarias en una zona densamente poblada del barrio.
Uno de los proyectiles de calibre 9 milímetros impactó directamente en el pecho del pequeño, provocándole la muerte casi inmediata. Según la acusación, los policías continuaron la persecución sin detenerse a asistir al niño herido.
En los meses posteriores al hecho, la investigación estuvo marcada por versiones contradictorias. Desde ámbitos oficiales se intentó instalar la hipótesis de un “fuego cruzado” y se sugirió que el disparo mortal podría haber provenido de los jóvenes perseguidos.
Incluso se mencionó inicialmente que el proyectil sería de calibre 22, lo que apuntaba a responsabilizar a los adolescentes. Dos menores fueron detenidos y trasladados al Complejo Esperanza por un hecho en el que, según luego se comprobó, no habían disparado.

El caso dio un giro clave cuando los peritajes balísticos comenzaron a arrojar resultados concluyentes. Durante la investigación se recuperó un proyectil alojado en la pierna de uno de los adolescentes detenidos y se analizaron las esquirlas halladas en el lugar del hecho.
Los informes técnicos determinaron que todos los disparos provenían de pistolas calibre 9 milímetros de la Policía de Córdoba. Según las pericias, el disparo que mató a Santino salió del arma manipulada por el sargento Guillermo Torres.
Además, los estudios de dermotest realizados a los jóvenes perseguidos dieron resultado negativo, lo que confirmó que no habían efectuado disparos.
A pesar de las pruebas recolectadas durante la investigación, la causa atravesó años de demoras judiciales. En 2017 incluso se dictó una falta de mérito que permitió que el acusado recuperara la libertad.

Recién una década después del crimen, la justicia cordobesa resolvió elevar el expediente a juicio oral. El sargento Torres llega imputado por homicidio con exceso en el cumplimiento de su deber, aunque la querella buscará que el delito sea recalificado como homicidio con dolo eventual, lo que podría elevar la pena hasta los 25 años de prisión.

Para Cintia Moyano y Federico Cabanillas, padres del niño, el juicio representa el cierre de una larga lucha por justicia. “Mi hijo murió en mis brazos, nunca me lo voy a olvidar”, expresó su padre al recordar el momento del disparo.