El Celeste sólo empató 2-2 ante Alvarado en una nueva noche para el olvido. Pudo festejar al final pero volvió a cometer errores que le costaron caro.


Un viejo hincha de Belgrano siempre tenía en la boca la frase: “hemos nacido para sufrir”. A eso lo exclamaba cada vez que a su amado Celeste le iba mal, cuando la taba no caía del lado de la suerte, cuando la pelota no entraba y cuando sí sufria goles en contra. Y en esta Primera Nacional, pareciera que todo eso se está repitiendo.

Porque el Pirata recibía a Alvarado más urgenciado que nunca y, en la primera bola que cayó al área, Ponce la enganchó de media chilena y puso el 1-0. A pesar de la ventaja en contra, nuevamente desde temprano, los 25 mil hinchas trataron de alentar y hacerse notar para que el equipo reaccione.

Pero no pasó mucho tiempo para que se empiecen a notar las diferencias entre los de la popular y el resto del estadio. Desde los Piratas “invitaban” al resto de los hinchas a alentar, a cantar y desde las otras tres tribunas, repondían con silbidos o entonando canciones de aliento dstintas. Y asi, mientras adentro de la cancha el equipo volvía a chocar contra su propia impotencia de no poder generar situaciones de empate, afuera el clima se empezó a enrarecer.

Pero, cuando los rumores y la renovada mala onda, invadía la noche del Gigante, llegó el desahogo del empate de Pablo Vegetti, a los 30 arremetiendo luego de un centro desde la izquierda. Pareció que el 1-1 empezaba a unir un poco más en el aliento a la totalidad de los hinchas celestes.

Y desde los cuatro costados, el aliento unificado parecía empujar al equipo a buscar esa tan necesaria victoria.

En la segunda mitad, el canto unánime de la hinchada atronó para que el equipo vaya para adelante y busque el triunfo. Pero Alvarado le hizo un planteo inteligente que no dejó que el Celeste se lo lleve por delante.

Desde el banco llegó la frescura de los pibes Ulises Sánchez y Martín Garnerone reemplazando a los inexpresivos González y Borja, respectivamente. Los chicos le dieron esperanzas y pareció que todo se empezaba a enderzar.

A los 34, Luján metió un tremendo derechazo al ángulo del arquero de Alvarado que desató la alegría

Pero, siempre hay un pero, dos minutos después en una pelota quieta, Maximiliano González volvió a aprovecharse de errores en la marca y metió el 2-2. Y el preocupante silencio volvió a ganar los ánimos celestes que, nuevamente, caían en la impotencia de no poder ganar.

Y así fue hasta el final de un partido que, como los tiene acostumbrados últimamente a los hinchas de Belgrano, lo volvieron a sufrir. Como ese hincha veterano que, entre lágrimas de impotencia, volvió a rendirse ante la evidencia del destino de ser del Celeste.

Con algo más de resignación mezclado con enojo, los hinchas despidieron a los jugadores entre tibios aplausos, muchos silbidos y enfocando su bronca a la comisión directiva celeste encabezada por Jorge Franceschi. 




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