Por José Reyna. Tras conocer a Gallardo el fin de semana, el alumno del Empate FC volvió a entrenarse con sus compañeros. Vistió la 10 que le regaló Muñeco.


“Quiero jugar en River y darle alegría a la gente, a esos que van a alentar al equipo”.

Podría haber sido una frase pronunciada de niños por el Beto Alonso, Ramón Díaz, Enzo Francescoli, Hernán Crespo.

Un anhelo que pasó de las palabras a la realidad y que finalmente se les cumplió algún día. Pero, el autor de de esta afirmación es el “Rafa” Casall, uno de los alumnos de la primera escuela de fútbol para chicos con Síndrome de Down en Córdoba, el Empate Fútbol Club.

Porque “Rafa” se anima a soñar en grande, con esa inocencia que tiene en los ojos, la misma que lo llevó a filmar un video tratando de que le llegue a uno de sus ídolos, Marcelo “el Muñeco” Gallardo, director técnico de River Plate, para que él le devuelva (en el mismo formato) un pequeño saludito.

Rafa no sólo recibió el saludo, sino un abrazo.

Y no a través de un video, sino de manera personal por parte del entrenador del Millonario, además del regalo de una camiseta confeccionada en la tienda oficial del club, con la 10 en la espalda y que lleva su nombre.

Todo ocurrió el fin de semana que pasó, y fue reflejado por todos los medios locales y nacionales, hablando de él y del gesto que tuvo El Muñeco ante esta situación.

Este martes, Rafa volvió a entrenarse con sus compañeros “del Empate”.

Y pese a que su rostro se viralizó en redes sociales, se reprodujo en la televisión y su voz se escuchó en las radios, él era uno más, que cumplió con la rutina habitual que le encargaron los profes, y corrió a la par del resto de los alumnos vestidos con la camiseta blanca y negra que representa al club.

Eso sí, cuando llegó la hora del partido, poco antes de que termine el entrenamiento, “peló” el trofeo que le había regalado su ídolo, Marcelo Gallardo: la casaca 10 con el “Rafa” en la espalda.

“Quiero darle las gracias a todos”, alcanza a decirles al fotógrafo y al periodista antes de que ruede “la caprichosa” y se meta de lleno en el partido y sólo piense en eso.

“Ahora me voy a jugar, cuando termine te cuento cómo me sentí”, tira al aire antes de perderse en el verde césped sintético de esa cancha que está pegadita al club Juniors.

Termina el partido y cumple su promesa. Se nos acerca y habla emocionado de ese encuentro con el Muñeco. De River, de los jugadores, de la hinchada, del partido del fin de semana contra Central.

Con la misma naturalidad con la que le pegó a la pelota de derecha, un rato antes en pleno encuentro y su remate se fue rozando el palo.

De la misma forma con la que habló en el centro del campo de juego con Federico Lértora (quien todos los martes se da una vuelta por Empate).

Rafa es así, sus compañeros también.

Tienen sus sueños guardaditos en un rincón, esperando que alguna vez se hagan realidad. Y seguramente son distintos unos de los otros porque son niños.

Uno solo los une a todos: anhelar un mundo que los encuentre como en Empate, incluidos e integrados.




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