La Gloria estuvo cerca de su primer título de Liga Nacional. Cayó ante un San Lorenzo récord con el tetra, pero se llevó el elogio de todos.


Instituto es el subcampeón de la Liga Nacional de Básquet. La Gloria no pudo conseguir su primer título porque en el camino se le cruzó nada menos que al cuco de la competencia: San Lorenzo, el ahora tetracampeón.

Los de Alta Córdoba estuvieron muy cerca de levantar la copa. La final más dura de las últimas temporadas ¿Cuáles fueron los puntos fuertes que llevaron a los dirigidos por Facundo Müller a la cima del básquetbol argentino?

El primer ítem y, quizá el más relevante, el funcionamiento del equipo. Un plantel cuyas estadísticas (tanto individuales como colectivas) lo posicionaron como uno de los mejores de la presente temporada. Un equipo que siempre supo a lo que jugaba y eso le permitió ganar confianza.

La fortaleza mental es otro de los puntos a destacar. La Gloria supo soportar los momentos adversos y transformarlos en positivos. La demostración más fiel de este aspecto fue el tercer punto de la serie; en el primer partido como local, Instituto perdía por 21 y terminó ganando ese encuentro.

Luciano Chuzito González, un goleador de aquellos. Figura de la Gloria y de la Liga.

Un equipo cuya base se armó en la temporada anterior y en el que la buena relación entre sus jugadores se percibió tanto dentro como fuera de la cancha. 

Desde lo técnico, Instituto mostró una férrea defensa (con 78,1 puntos recibidos en promedio, ubicándose como la cuarta mejor defensa del torneo), incluso neutralizando al atacante más poderoso del certamen. San Lorenzo tenía una media de 86,4 puntos por partido y la Gloria lo cercó hasta bajarle el goleo. Esteban Batista y Sam Clancy liderando los rebotes y las tapas fueron determinantes.

En el aspecto ofensivo, Luciano Chuzito González fue el segundo goleador de la Liga (anotó 32 puntos en el sexto juego en Córdoba) y Facundo Piñero y Santiago Scala lideraron la tabla de triples convertidos con 2,7 de promedio. Además, Gastón Whelan fue el mejor asistidor con un promedio de 3,8 asistencias por partido.






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