Importantes jornadas de mediación en Catamarca
El XVII Foro Regional y XVI Foro Argentino de la especialidad


"LA PAZ SE CONSTRUYE ENTRE TODOS"
Hay momentos en los que una sociedad decide detenerse para preguntarse cómo quiere vivir. Catamarca vivió uno de esos momentos.
Más de 2.000 personas nos encontramos durante tres jornadas para hablar de mediación y derechos humanos, inteligencia artificial, seguridad pública, convivencia escolar, mediación familiar, justicia restaurativa y mediación penal juvenil y, por encima de todo, de algo que hoy necesitamos profundamente: la posibilidad de construir paz a través de la palabra y del encuentro con el otro como un legítimo Otro
Regreso de Catamarca con una emoción difícil de poner en palabras. El XVII Foro Regional y XVI Foro Argentino de Mediación, bajo el lema “Sinergia para la paz integrando la mediación en el tejido social”, fue mucho más que un encuentro profesional: fue un espacio de encuentro nacional, de intercambio y de proyección internacional.
Durante los días 26, 27 y 28 de agosto, Catamarca recibió a especialistas y profesionales de distintas provincias argentinas y contó también con participación internacional. Pero detrás de cada conferencia, cada panel y cada taller hubo algo todavía más importante: personas dispuestas a escuchar y aprender unas de otras.
Tuve el privilegio de participar con distintas exposiciones. Una de ellas estuvo dedicada a “La Mediación Educativa como herramienta de construcción de la Paz”, una temática profundamente ligada a mi trayectoria y a mi compromiso profesional. Sigo convencida de que la escuela es uno de los lugares fundamentales para aprender a convivir, comprender las diferencias y descubrir que el conflicto no necesariamente debe conducir a la violencia.
También pude reflexionar sobre la mediación familiar, sobre ese universo profundamente humano donde las emociones, las palabras y los silencios adquieren un significado decisivo.
Y uno de los momentos más significativos fue compartir, junto al juez Rodrigo Morabito, la exposición “La Mediación Penal Juvenil: Tejiendo la trama social”, en la jornada de cierre.
Hablar de justicia restaurativa significa, para mí, aceptar el desafío de mirar al ser humano en toda su complejidad. Significa comprender que detrás de un daño existen personas, historias, vínculos y comunidades que también necesitan ser escuchadas y reparadas.
La justicia restaurativa nos invita a preguntarnos quién sufrió, quién debe asumir responsabilidad, qué necesita ser reparado y cómo podemos reconstruir los vínculos. El conflicto deja así de ser solamente una amenaza para convertirse en un espacio en el que puede recuperarse la responsabilidad, la dignidad y la pertenencia.
Por eso hablo de “tejer la trama social”. Porque ninguna transformación verdadera se hace en soledad. Necesitamos familias, escuelas, jueces, abogados, mediadores, docentes, profesionales, instituciones y comunidades trabajando en red. Necesitamos volver a unir aquellos hilos que la violencia, la indiferencia o la exclusión han ido debilitando.
Mi profundo agradecimiento a Catamarca
Quiero expresar públicamente, y desde lo más profundo de mi corazón, mi enorme agradecimiento al Gobierno de la Provincia de Catamarca, a través del Ministro Alberto Natella, al Centro de Mediación Judicial (Ce.Me.Ju.Ca) a través de la Dra. Carolina Martínez Andujar, a la Dirección de Diálogo y mediación comunitaria a través de el Lic. Pedro Saracho y a la pasión de la Dra. Marita Rojo, medidora de la primera hora, que supo contagiar a todo el equipo de trabajo el amor por la mediación.
Gracias por comprender la importancia de este encuentro. Gracias por abrir las puertas de la provincia para recibirnos. Gracias por apostar al diálogo, a la mediación, a la educación para la paz y a la construcción de una sociedad que busca respuestas diferentes frente a la violencia y al conflicto. Gracias a cada uno de los participantes, por sus devoluciones, sus palabras, sus lágrimas y sus abrazos.
La realización de un Foro de esta magnitud requiere decisión, compromiso y una profunda confianza en el valor del encuentro. Por ello, mi reconocimiento alcanza también a las autoridades, organizadores, instituciones y a cada persona que trabajó para hacer posible estas jornadas.
Catamarca no fue solamente la sede del Foro: se convirtió en un verdadero punto de encuentro para quienes creemos que otra manera de relacionarnos es posible.
Más de 2.000 personas son una cifra que impresiona. Pero detrás de ese número hay 2.000 historias, 2.000 miradas, voces y 2.000 voluntades que durante esos días compartieron una misma preocupación y, sobre todo, una misma esperanza.
La esperanza de que podamos escucharnos.
La esperanza de que nuestros conflictos no tengan como única respuesta la confrontación.
La esperanza de que nuestros niños y jóvenes puedan aprender desde la escuela que el diálogo también es una forma de transformar el mundo.
Me llevo de Catamarca conocimientos, experiencias, afectos y nuevos vínculos. Pero, sobre todo, me llevo la imagen de una comunidad reunida alrededor de una idea: la paz vale la pena.
Quiero cerrar con una imagen que me acompañó durante mi exposición sobre justicia restaurativa: el Kintsugi, esa tradición japonesa que repara los objetos quebrados resaltando sus marcas en lugar de ocultarlas.
Quizás nuestras sociedades sean también un poco así. Tenemos heridas, conflictos y vínculos que necesitan ser reparados. Pero las heridas no tienen por qué ser el final de la historia. Podemos aprender de ellas y transformarlas en experiencia, fortaleza y una oportunidad para construir algo diferente.
Me voy profundamente agradecida y con una convicción aún más fuerte:
La paz no se hereda.
La paz se aprende, se practica y se construye entre todos.
Y Catamarca nos recordó que, cuando varias voluntades se encuentran, la paz deja de ser solamente un deseo y comienza a convertirse en una realidad.
Colaboración: Doctora Dolores Suárez Larrabure