Nacido en la localidad bonaerense de Morón, a los 12 años quedó atrapado por las riendas luego de una caída en una competencia, dio una vuelta en el aire e impactó duramente contra el suelo. Su historia.


Después de su satisfactorio debut en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, la conmovedora historia de Richard Kierkegaard es una de las que más resona en los primeros días de competencia. 

Tres años atrás, el joven jinete que ahora tiene 15 años asistió a un certamen “muy fácil” para sus estándares, según le contó a Clarín durante una entrevista en la Villa Olímpica, pero todo terminó de la peor manera.

“Era una prueba con una altura mucho menor a la habitual que hacía yo. De hecho, había entrado más que nada para que el caballo conociera la pista. Venía todo perfecto y en un momento el caballo no saltó, se trabó con los palos y nos fuimos juntos al piso”, comenzó su relato Kierkegaard. 

Richard Kierkegaard, el jinete argentino nacido en Morón que estuvo en coma y, tres años después, es olímpico en Buenos Aires 2018. (Germán García Adrasti)

Ese accidente marcó un antes y un después para el representante argentino: “Quedamos atorados entre los palos, pero el caballo se levantó y yo me quedé enganchado del cuello con las riendas”.

Acto seguido, Richard fue subido a una ambulancia y, de camino al hospital, debieron practicarle reanimación porque estaba sufriendo un paro cardíaco. “También tuve convulsiones y al quedar internado caí en coma durante dos días”, reveló con la angustia a cuestas por el ingrato recuerdo. 

Sin embargo, y quizás por obra de un milagro, un mes después de la grave caída Kierkegaard estaba nuevamente montando a sus queridos caballos. “Para volver a caminar tardé tres meses, pero antes de tener el alta para hacer mis actividades normales, ya me había subido al caballo”, rememora.

Richard Kierkegaard, el jinete argentino nacido en Morón que estuvo en coma y, tres años después, es olímpico en Buenos Aires 2018. (Germán García Adrasti)

Por aquel entonces, el objetivo de Richard era viajar a los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 para ver de cerca a sus atletas favoritos. Asimismo, también planeaba trasladarse a Alemania para competir en Europa por primera vez: “Estaba muy frustrado. Yo quería ir, estaba seguro de que podía”.

A pesar de que un psiquiatra intentó explicarle que viajar en avión era muy riesgoso, el jinete nacional buscó a otro para que aprobara su idea. ¡Y dio en la tecla!

“Aunque obviamente no era mi intención, a mis papás los torturaba, les hice la vida imposible. No podía ni dormir solo que gritaba o me largaba a llorar (risas) porque era súper frustrante. En el hospital estaba semi paralítico y fue todo bastante traumático. Mi papá casi no se podía alejar de mí porque enseguida yo me ponía loco”, asegura. 

No obstante, el profesional que lo autorizó a viajar fue bien franco con su advertencia. “Me dijo que estaba loco, pero que podía ir tomando una medicación contra las convulsiones. Sin embargo, podía tener contraindicaciones y básicamente me podía morir. Ahí fue como que tomé consciencia de que era una locura y un día antes de tener el pasaje en la mano dije: ‘Ok, no voy’”, señaló. 

Más allá del duro camino que le tocó transitar, Kierkegaard valora lo vivido de una manera muy especial. “Estoy orgulloso de todo lo que me dejó esa situación porque sí, fue un momento de mierda, pero aprendí un montón, luché y hoy soy lo que soy gracias a las cosas feas que pasé. El que más me ayudó a salir fui yo mismo”, subraya. 

En su primera aparición en Buenos Aires 2018, Kierkegaard obtuvo un meritorio quinto puesto en la primera ronda de saltos internacionales y no se achica ante sus adversarios de turno: “Obviamente que tengo un objetivo y mi expectativa es alcanzar una medalla, pero sé que lo que te dejan estos Juegos es mucho más que eso”. 

Por último, el jovencito se refirió a la valiosa experiencia de disputar un Juego Olímpico en su tierra. “Esto que estoy viviendo es un sueño. Compartir una Villa con 4.000 atletas de edades similares y de todo el mundo es único. Estos Juegos fomentan la amistad. No es como parecen los Juegos de mayores, en los que cada deportista está en la suya. Acá hay un sentimiento grande de equipo y de compañerismo”,cerró. 




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