La última década no ha sido un canto de alegría para el empleo en la Argentina, debido al estancamiento económico, pero los últimos tres años fueron directamente una tragedia porque además de que se perdieron miles de puestos de trabajo formales y no registrados, hubo un empobrecimiento de aquellos que pudieron conservar su empleo.

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Es que sólo entre 2018 y 2020 el porcentaje de trabajadores pobres pasó de 15,5% a 27,4% del total. Si se comparan cantidades, hubo un salto del 77%. Y aquellos que ni siquiera superan el umbral de la indigencia, pasaron de ser el 1,9% al 4,4%, por lo que más que se duplicaron. En este tiempo hubo contracción del Producto Bruto Interno (PBI) y se disparó la inflación, alcanzando el 53,8% en 2019, un récord en tres décadas.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) presentó el documento estadístico: “Efectos de la pandemia COVID-19 sobre la dinámica del trabajo en la Argentina urbana. Una mirada crítica sobre el impacto heterogéneo del actual escenario tras una década de estancamiento económico”. La presentación estuvo a cargo de los investigadores Eduardo Donza, Santiago Poy y Agustín Salvia.

Poy y Salvia explicaron que la evolución de la pobreza entre los trabajadores en la Argentina urbana entre 2010 y 2020 ha seguido una pauta “coherente con la dinámica macroeconómica del país”.  En un marco de mejora de los ingresos laborales reales, entre 2010 y 2012 se redujo la proporción de trabajadores pobres hasta alcanzar su nivel más bajo en toda la serie considerada (pasó de 17,7% a 11,5%).

A partir de entonces, el carácter errático de la evolución macroeconómica, la alta inflación y la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos laborales impactaron de manera directa. Entre 2013 y 2016, la pobreza pasó a afectar al 18,2% de los trabajadores. Tras una mejora en 2017, la crisis económica iniciada en abril de 2018 marcó un punto de inflexión en esta evolución negativa, que se profundizó en 2019 y, posteriormente, a partir de la irrupción de la pandemia y la crisis derivada del aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO).

Uno de los elementos que subyace a esta evolución es la fuerte reducción real de los ingresos laborales, que entre 2017 y 2020 se estima en 18,8%. Si observa un período más extenso hacia atrás, se obtiene que: si en 2010 un trabajador ganaba 42.828 pesos, hoy su ingreso en promedio es equivalente a 33.257 pesos en términos constantes. El poder adquisitivo se le desplomó 22,3%.

Qué pasó con el Covid-19

Según la información presentada, la irrupción de la pandemia y del ASPO no provocó un incremento de la pobreza entre los trabajadores semejante al verificado entre la población en general. Y existen dos  explicaciones posibles para esto, dijeron los expertos.

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Una explicación se encuentra en las particulares consecuencias de la pandemia y del ASPO sobre el funcionamiento del mercado de trabajo. Al limitar la circulación de personas y bienes, restringir actividades laborales ligadas a ocupaciones informales e inducir una súbita reducción de la oferta de fuerza de trabajo en este tipo de actividades, se redujo la magnitud del segmento más vulnerable del mercado de trabajo. De este modo, no se contabilizaría como trabajadores pobres a una fracción de la fuerza de trabajo que se retiró a la inactividad y tiene alta propensión a la pobreza. Esta constituye una “paradoja” observable del funcionamiento del mercado laboral en la pandemia.

Cecilia Ávila sostiene a su hija Triana frente a su casa improvisada en un campamento de ocupantes ilegales en Guernica, provincia de Buenos Aires. (AP Foto/Natacha Pisarenko)Natacha Pisarenko | AP

Por otra parte, la situación de pobreza entre los trabajadores debe remitirse también a la composición de los presupuestos familiares. En este sentido, la retracción en la oferta de fuerza de trabajo tiene que haber conducido a una pérdida de ingresos laborales con los que cuentan los hogares de trabajadores. De allí que, si sólo se considerase ese factor, cabría observar un aumento de la pobreza.

Esto es: si bien la tasa de pobreza entre quienes tienen un empleo no se incrementó de forma sustantiva en 2020 (0,2 punto), esto estuvo atado a una significativa acentuación del papel de las transferencias por programas sociales sobre las condiciones de vida. Si el gasto del Estado nacional en políticas sociales no se hubiera disparado en forma contracíclica, en el 2020 el 43,3% de los trabajadores del país habría quedado por debajo de la línea de la pobreza.

Por la corresponsalía de Buenos Aires.