Con un alza del 2,4% y presencia minuto a minuto del Banco Central, marzo fue el mes en el que menor suba anotó el precio del dólar en más de un año en el mercado mayorista, por lo que se consolidó así la estrategia que el Gobierno puso en marcha en enero para transitar el 2021 con un tipo de cambio planchado, ante la proximidad de las elecciones y tras el rebrote de la inflación.

El tipo de cambio mayorista había subido 3,74% en enero; en febrero avanzó 2,9%; y en marzo, 2,4%, alcanzando los 92 pesos. Estos avances estuvieron por detrás de la inflación, que fue del 4% mensual en enero; 3,6% en febrero; y se habría ubicado entre 3,7% y 4% en marzo, según estimaciones privadas.

En el Gobierno niegan que la desaceleración de la suba del dólar tenga que ver con un plan estrictamente electoral. Aseguran que esto responde al programa macroeconómico que está en ejecución para la recuperación de la actividad tras la pandemia del Covid-19, aunque admiten que todo está supeditado a lo que pase con el virus y la vacunación en los próximos meses.

Marca personal del billete

El Banco Central jugó en marzo hasta el último minuto. Gustavo Quintana, de PR Operaciones de Cambio, señaló que este miércoles las ventas oficiales por unos u$s60 millones atendieron la demanda derivada del cierre de posiciones del fin de mes y para responder a compromisos con el exterior, por pagos de deudas y de importaciones.

La autoridad monetaria acumuló en marzo compras por cerca de u$s1.500 millones, con lo que ronda los u$s2.300 millones en lo que va del año. Esto se viene logrando a fuerza de un cepo cambiario cada vez más estricto y con caída real de los ingresos de las familias: en agosto pasado 4 millones de personas compraron dólares para ahorro o gastos en el exterior; en febrero reciente, sólo lo hicieron 536.000.

Si se observa la previsión plurianual de tipo de cambio minorista plasmada en el Presupuesto 2021, elaborado por la gestión de Alberto Fernández ya en pandemia, se observan oscilaciones que dan cuenta de la repetición de la estrategia que usan todos los gobiernos cuando hay urnas de por medio.

El tipo de cambio minorista subió 42,7% en 2020 y está previsto que este año anote un alza del 13,9%, hasta los 102,40 pesos. Para 2022, el ministerio de Economía que conduce Martín Guzmán prevé un incremento del 20,9%, hasta los 123,80. Y para 2023, en el que también habrá elecciones presidenciales, esperan una suba del 17,4%, hasta los 145,4 pesos.

Desde que se inició el año, el Gobierno ya convalidó una suba del 8,6% del tipo de cambio minorista. Por lo que en lo que resta del año –o al menos hasta después de las elecciones- el precio oficial el dólar estadounidense escalaría solo 5,3 puntos porcentuales más. Esto llevaría el “solidario” –que contempla una presión impositiva del 65%- hasta los 169 pesos.

Economía. El ministro Martín Guzmán apuesta a coordinar precios y salarios. (Télam)

Se vienen las elecciones

Martín Kalos, economista y director EPyCA Consultores, explicó que el Presupuesto no tiene metas, sino supuestos para proyectar los ingresos que tendrá el Estado. “Siempre se estiman valores inferiores a los que finalmente pueden concretarse porque en su confección rige el principio de precaución”, dijo. Y agregó: “Pero está claro que el Gobierno va a intentar que la inflación no supere el 36,1% de 2020, lo cual no es fácil”.

Según Kalos, el Gobierno está tratando de hacer converger hoy a una tasa tope del 35% los movimientos de precios, tarifas, de salarios y de tipo de cambio. “Está claro que a menor suba del dólar, menor es la presión sobre los precios. La inflación está hoy entre las cinco mayores preocupaciones de la gente, por lo que enfriar los precios tiene un impacto en la expectativas en la previa electoral”, dijo.

¿Es sostenible la estrategia?, consultó Vía País. Y Kalos respondió que nunca se puede sostener una apreciación cambiaria durante demasiado tiempo, pero es una herramienta válida para usar, sobre todo en un momento como este en el que la inflación viene con inercia alta y con expectativas que juegan en contra.

“La inflación está alta aun con precios congelados o administrados, desde las tarifas, hasta los salarios, los medicamentos y el dólar. El año pasado bajó al 36,1 pero en una crisis muy grande. Es lógico que usen ahora al dólar como ancla. Y más cuando tenés un colchón de competitividad vía tipo de cambio por las devaluaciones registradas en los últimos años”, dijo Kalos.

Christian Buteler, analista financiero, analizó que el Gobierno mantiene al dólar controlado vía cepo cambiario y con intervenciones del Banco Central con compras y ventas en el mercado mayorista. “Puede cumplir perfectamente con lo proyectado, que consiste en que el dólar vaya por detrás de la inflación todo el año”, dijo Buteler. Y señaló que la inflación es “otro tema” y “está lejos de ser controlada”, menos de bajar dado que en los últimos meses ha venido creciendo.

Kalos y Buteler coinciden en que el dólar no está atrasado, dado que por ejemplo el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) se encuentra un 60% arriba del valor que tenía en el 2015 y 38% más alto que en 2017. Pero aclaró que esto puede modificarse rápidamente porque mientras la inflación camina a un ritmo del 4% mensual el dólar sube un poco por encima de la mitad.

“El problema no es el dólar, el problema es la inflación. El gobierno debe bajar la inflación, no aumentar la devaluación. La estabilidad cambiaria no dura mucho sin estabilidad de precios. De hecho hoy la estabilidad de los dólares alternativos (MEP y contado con liquidación) se logra por la intervención del Banco Central”, dijo Buteler.

Por la corresponsalía de Buenos Aires.