Fue un sismo sin precedentes, que dejó alrededor 10 mil muertos, y el 90% de la ciudad en ruinas.


El 15 de enero se cumplen 75 años del devastador terremoto que sacudió San Juan, y dejó una huella imborrable para sus habitantes. Es que según publicó Clarín,  se convirtió en el sismo con más víctimas en la historia argentina, con alrededor de 10 mil muertos, y dejó el 90 por ciento de la ciudad en ruinas.

Los sobrevivientes lo recuerdan como si fuese ayer: era un sábado de verano como cualquier otro, a las 20.49, hora de la misa. El epicentro fue en La Raja, a 20 kilómetros al norte de la ciudad de San Juan, donde el movimiento telúrico alcanzó los 7,8° (escala de Richter). Una vez pasado el hecho, y con una comunidad entera arrasada, la solidaridad de los argentinos no se hizo esperar.

“Todo lo que me acuerdo es malo, feo. Yo he visto cómo se abría la tierra, cómo morían todos, el miedo persiste”, cuenta a Clarín, Edith Guajardo (88), quien en aquel entonces sólo tenía 13 años. Y agrega: “Todo pasó en una misma tarde, mientras las familias escarbaban con las manos para buscar sobrevivientes”. Si bien, su familia salió completamente ilesa, el 90 por ciento de los edificios y casas se convirtieron en ruinas. “Corrí desesperada, saltando entre los escombros, para encontrar a mis padres. Mi mamá se había caído a una acequia, había quedado atascada en una pierna”, recuerda y cuenta al mismo medio.

Así como informó Clarín, los días posteriores al sismo no estuvieron exentos de rama y caos. “Los sanjuaninos trataban de sintonizar las historias de las radios. Pero San Juan estaba en silencio porque la luz había sido cortada por un empleado de la Compañía de Electricidad de los Andes, Fernando José Angelini, considerado un héroe por los pobladores, ya que esa maniobra evitó cortocircuitos e incendios”, explica la periodista Roxana Badaloni, autora de la nota. Y explica que fue gracias a las radios mendocinas que el país se enteró de lo que había sucedido minutos atrás.

Para la ingeniera Silvana Bustos, coordinadora técnica general del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (Inpres), el terremoto marcó un antes y un después para la ciudad. “El consejo de reconstrucción decide hacer borrón y cuenta nueva. Pasar topadora para tirar todos los edificios que habían sido dañados o que impedían la fácil circulación y todo el diseño urbano se modifica”, explicó al mismo medio. En la misma línea, Marcelo Yornet, director de arquitectura del gobierno de esa provincia, reflexiona: “Esta tragedia, como ciudad, nos introdujo en la modernidad”.


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