Entre enero y septiembre, el Estado destinó 141.101 millones en infraestructura, con un baja nominal del 13,1%; y $230.627 millones en intereses de deuda, lo que significó una expansión del 55,2%.


El sector de la construcción quedó contra las cuerdas por el drástico ajuste que puso en marcha el Gobierno nacional para alcanzar el equilibrio fiscal hacia fines de 2019 y por la nueva política monetaria del Banco Central para revertir la carrera inflacionaria.

Y el futuro de corto plazo es sombrío, o al menos así lo indican los datos oficiales: el Estado gastó en el pago de la deuda en los primeros nueve meses del año un 63,4% más de lo que destinó a inversiones en infraestructura. Y las transferencias a las provincias crecieron a penas 0,8%.

Entre enero y septiembre, el Estado destinó 141.101 millones en infraestructura, con un baja nominal del 13,1%; y $230.627 millones en intereses de deuda, lo que significó una expansión del 55,2%.

El ajuste

Está en ejecución el plan de austeridad que la administración de Mauricio Macri comprometió ante el Fondo Monetario Internacional a cambio del reforzar el megacrédito para blindar el frente financiero.

Esta situación está paralizando la obra pública, que sólo en los primeros nueve meses cayó 43%. Y los proyectos privados están complicados por las elevadas tasas de interés y las duras condiciones para acceder al financiamiento.

“La situación del sector está complicada, principalmente por la cuestión de la obra pública, porque gran parte del ajuste fiscal pasa por ahí, planteó a Vía País el presidente de la Cámara Argentina de la Construcción (CAC), Gustavo Weiss.

Y aunque el dirigente aclaró que en el sector privado “la cosa no está tan complicada todavía”, sí advirtió que “la obra privada tiene una directa relación con la marcha de la economía”.

Al respecto, reconoció que el panorama no es alentador porque “no se prevén buenos tiempos para lo que resta del año, ni para el principio del año que viene”.

Tasas exorbitantes

Los pronósticos de Weiss se fundamentan en las proyecciones oficiales respecto a una prolongada recesión. La apuesta del equipo económico de la Casa Rosada es que el contexto comience a mejorar entrado el año próximo con los aportes de los sectores agroexportadores.

Otro de los estímulos que aún ven lejos en el horizonte es la reducción de las tasas de interés que fija el Banco Central para definir su política monetaria. Bajo la conducción de Guido Sandleris y con el objetivo de secar la plaza de pesos, la autoridad monetaria elevó alrededor de diez puntos porcentuales (72%, según la operación del viernes) los rendimientos anuales de las letras a siete días que opera con los bancos.

Y más allá de la efectividad para desinflar al dólar, la medida del Central afecta directamente al sector productivo porque encarece el acceso al crédito y desalienta las inversiones.

Las tasas afectan al cien por cien de la economía y nosotros obviamente no somos la excepción, también tenemos el grave problema de tasas absolutamente incompatibles con una actividad económica razonablemente normal. Todos estamos esperando que duren lo menos posible, pero no pareciera que eso no va a pasar en lo inmediato. Estamos muy preocupados por este tema también”, planteó Weiss.

Frenazo

Así como la construcción representa uno de los principales motores de la actividad económica y uno mayores generadores de puestos de trabajo, también es uno de los ámbitos más sensibles ante los vaivenes que protagonizó el país en los últimos meses, fundamentalmente a partir de la crisis cambiaria que aceleró la carrera inflacionaria.

El último informe sobre los indicadores de coyuntura de la actividad de la construcción que difundió en agosto pasado el Indec reveló que el sector mantiene una constante desaceleración desde febrero pasado y que se aceleró en mayo, en línea con la disparada del dólar. A partir de ese momento, la caída de mes a mes fue de 0,7%.

El frenazo en la obra pública se tradujo además en el desplome de los pedidos de asfalto, que en agosto cayó 31% respecto al mismo período del año pasado. También disminuyeron las compras de cales (-9,7%), de cemento portland (-0,6%), de hierro y aceros (-4,3%), y de ladrillos huecos (-0,6%), entre otros.

Esos números impactan directamente en los puestos de trabajo. “Si hay menos actividad, hay menos empleos directos e indirectos. Si compramos menos insumos, el empleo de las fábricas de insumos se resiente”, resumió Weiss.

Preocupación sincial

Consultado por este sitio, el Secretario General en la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), Gerardo Martínez, alertó que existe una “ola de despidos en las distintas actividades a partir de lo que genera la recesión y de los daños colaterales que produce”.

En el segundo trimestre del año la desocupación se incrementó y alcanzó al 9,6%, siendo el sector de la construcción el de mayores pérdidas de puestos de trabajo: pasó del 1,3% en el primer trimestre, hasta el 1,8% en el segundo.

“Lo importante sería que el Gobierno, así como se ocupa de atender las cuestiones macroeconómicas en la relación con el FMI y otros brokers internacionales, también se preocupe con la misma intensidad, con el mismo rango de importancia, para dar una respuesta contundente, diferente, de esperanza a la sociedad en su conjunto”, reclamó el sindicalista.

En la Casa Rosada tomaron nota de la compleja situación y así lo demostró el propio presidente, Mauricio Macri, cuando anunció recientemente los topes en las cuotas de los créditos UVA.

El jefe de Estado resaltó que uno de los objetivos de esa medida era “impulsar al sector de la construcción, que es uno de los de los grandes motores que tiene la Argentina, dando trabajo a muchísima gente”.






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