La iraquí fue elegida, junto al médico congoleño Denis Mukwege, por su lucha contra el uso de la violencia sexual como arma de guerra.


Antes de recibir el Premio Nobel de la Paz por “sus esfuerzos para poner fin al uso de la violencia sexual como arma de guerra“, junto al médico congoleño Denis Mukwege, Nadia Murad era una esclava sexual del Estado Islámico. 

La joven fue tomada como prisionera en 2014, luego de que su pueblo, ubicado al norte de Iraq, fuera atacado y exterimado. Mataron a casi toda la población, dejando a las mujeres jóvenes, las cuales fueron secuestradas y sufrieron reiteradas violaciones y abusos.

Lejos de callarse y sumirse en la verguenza, como lo establecen los códigos sociales del lugar, Murad hizo que su experiencia sirviera para hablar en nombre de otras víctimas. Y este tremendo gesto de valentía fue lo que destacó la Academia sueca.

Nadia tenía 21 años cuando ISIS asesinó a toda su familia y fue llevada junto a otras 7 mil jóvenes a un destino incierto. Las comenzaron a tratar como mercancía sexual de terroristas, jueces y otros involucrados al régimen. Como eran yizadíez, las consideraban infieles y podían golpearlas, violarlas y matarlas sin que eso se considere pecado.

De acuerdo con su libro La última chica, publicado en 2017, Nadia fue violada por primera vez por un juez que la obligaba a rezar. Como se quiso escapar, el magistrado la entregó a seis guardias. Después, pasó a un puesto de tránsito donde todo el que pasaba la violaba.

Fueron 90 largos días de tortura hasta que logró escaparse. Una familia de suníes logró ayudarla y la contactaron con una ONG alemana que la ayudó a llegar a Europa. Allí, se propuso luchar para que otras chicas no vivan lo que ella vivió, se convirtió en la voz de las que no pueden hablar y llevó su caso a las Naciones Unidas.

La ONU la nombró como embajadora de buena voluntad para los supervivientes de la trata de personas. Su causa fue defendida por Amal Clooney, la esposa de George, y ambas recorrieron el mundo contando lo sucedido. ¿Por qué? Ella lo respondió: “Mi historia, narrada con sinceridad y objetividad, es la mejor arma que tengo contra el terrorismo, y pienso seguir utilizándola hasta que esos terroristas se enfrenten a un juicio”.






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