El músico de Compton fue galardonado por su último álbum "Damn".  


Con apenas 30 años de edad y cuatro discos de estudio, el rapero Kendrick Lamar acaba de ganar el premio Pulitzer de música por “Damn“, su último disco, y se convirtió así en el primer músico no clásico o de jazz que en alzarse con el prestigioso reconocimiento

¿Casualidad? Lejos de eso. “Damn” también fue premiado con el Grammy a Mejor Álbum de Rap; fue elegido como el Mejor Disco de Rap de 2017 en los American Music Awards; y ganó el premio al Mejor Álbum del Año en los BET Hip Hop Awards, entre otros galardones.

La portada de “Damn.” la obra maestra de Kendrick Lamar.

La encargada de anunciar a los ganadores del Pulitzer de este año, la periodista Dana Canedy, dijo que el disco es una “virtuosa selección de canciones unidas por su autenticidad coloquial y su dinámica rítmica“, que reflejan “la complejidad de la vida moderna afroamericana“. Y este reconocimiento, uno más para Kendrick Lamar y otro más para “Damn“, no hace más que confirmar lo que el joven rapero representa para la historia del hip hop.

El género surgido a finales de los ’70 en el corazón del Bronx, en Nueva York, tiene un recorrido relativamente corto pero cada vez más rico. Para abordarlo mejor, basta con leer el libro “Generación Hip-Hop“, de Jeff Chang (con edición local a cargo de Caja Negra Editora), o ver el documental “Hip-Hop Evolution“, disponible en Netflix, con entrevistas a los principales cerebros detrás del principio y desarrollo del hip hop (Afrika BambaataaGrandmaster Flash, Kool Herc).

Allí explican claramente que, si en Nueva York fue el big bang, la onda expansiva llegó a la Costa Oeste rápidamente (Eazy-E, Dr. Dre, Ice Cube, Snoop Dogg) para luego impactar en cada uno de los puntos cardinales de los Estados Unidos.

En menos de 50 años de historia, con sus propios aciertos y errores, el género logró atravesar las fronteras del “Tío Sam” para convertirse en algo parecido a lo que fue el rock and roll en los ’60: la música favorita de los más jóvenes.

La última edición argentina del Lollapalooza fue testigo del avance del hip hop, con Chance The Rapper, Anderson .Paak, Wiz Khalifa y Mac Miller ocupando lugares de preponderancia en el cartel kilométrico. Y claro, faltó Kendrick Lamar, el más grande de todos.  

Pero, ¿por qué “Damn” ganó un Pulitzer? Aunque el disco anterior de Lamar, “To Pimp A Butterfly” (2015), puede figurar en lo más alto de la década, gracias a su mezcla perfecta de rap, jazz, soul y funk, el último disco -como bien dijeron los responsables del premio- representa otra cosa.

Relatando su propia historia, como ocurre por ejemplo en el tema que cierra el disco (“DUCKWORTH.”), al mismo tiempo el músico cuenta la vida de un afroamericano promedio en el país que eligió dos veces a un presidente de color, pero que ahora optó por uno completamente opuesto.

Damn” muestra a un Kendrick Lamar furioso sobre bases trap muchísimo más oscuras que todas las anteriores. El disco del año pasado y probablemente el de varios años más, porque parece que solo él mismo puede superarse.






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