El nuevo oficialismo tendrá 40 de los 71 senadores y en la cámara baja le faltarán nueve legisladores para llegar al cuórum.


Los gobiernos nuevos suelen gozar de un período de gracia, durante el cual se supone que la oposición contribuye a la gobernabilidad, por acción u omisión. Sobre ese principio descansan las expectativas del Frente de Todos acerca del funcionamiento del Congreso, donde tendrá senadores de sobra pero le faltarán diputados.

De todas maneras, mientras Juntos por el Cambio enfrenta una crisis de liderazgo (todavía no definió al jefe del interbloque) y atraviesa un proceso de descomposición, con la emancipación, por ahora por goteo, de miembros de sus bloques, el Frente de Todos no solamente logró la unidad bajo un mismo paraguas en ambas cámaras sino que tiende los brazos a sectores de la avenida del medio, tales como Consenso Federal y partidos provinciales.

La movida de Cristina Kirchner de ofrecerles a los santiagueños del Frente Cívico y los misioneros del Frente Renovador de la Concordia los principales puestos en la conducción del Senado supuso un aporte directo a la gobernabilidad de su compañero de fórmula, Alberto Fernández, porque a los futuros bloques oficialistas se sumaron cinco senadores y diez diputados de ambos espacios.

Así las cosas, el bloque del Frente de Todos del Senado, que comandará el formoseño José Mayans, tendrá a partir del 10 de diciembre 40 de los 71 senadores (no se cuenta al tucumano José Alperovich, que se pidió licencia de seis meses tras una denuncia por violación).

Esto significa que en el Senado el futuro oficialismo no necesitará de la oposición para iniciar las sesiones (cuórum) ni para sancionar leyes, porque tendrá más de la mitad más uno del cuerpo. Solamente deberán discutir con la oposición aquellos proyectos que requieran los dos tercios de los votos, como una reforma electoral.

En Diputados, sin embargo, la situación es más complicada: con la incorporación de siete santiagueños y tres misioneros, el bloque que conducirá Máximo Kirchner, hijo de la vicepresidenta electa, tendrá 120 de las 257 bancas posibles. Es decir que, inclusive si estuvieran todos sentados, le faltarían nueve para el cuórum.

Sin embargo, confían en conseguir de sobra el cuórum y también el número para la sanción de leyes. Y esa confianza se apoya en dos razones: el mencionado período de gracia de los gobiernos nuevos y que los proyectos que mandará el Poder Ejecutivo no serán impopulares ni polémicos, excepto la eventual declaración de la Emergencia Económica, que podría objetar Juntos por el Cambio.

El Frente de Todos también mira con atención las sangrías que se vienen produciendo en los bloques de sus adversarios en los últimos días, y las que podrían producirse a partir del 10 de diciembre.

Desacoples

A diferente del Frente de Todos, Juntos por el Cambio no se articulará como bloque sino como un interbloque conformado por el PRO, la UCR, la Coalición Cívica-ARI y otros monobloques provinciales, y tendrá 117 bancas.

Esas 117 bancas eran hasta la semana pasada 119. Es de que el santacruceño Antonio Carambia y la tucumana Beatriz Ávila anunciaron que se alejarán del bloque PRO y también del futuro interbloque opositor.

A ellos podrían sumárseles otros diputados, también del bloque macrista. Entre ellos, se menciona al entrerriano Pablo Ansaloni, que viene del partido FE, del fallecido sindicalista rural Gerónimo “Momo” Venegas; a los sanjuaninos Eduardo Cáceres y Marcelo Orrego (del partido del senador Roberto Basualdo); al riojano Felipe Álvarez, y a un par de diputados más del interior.

Por otra parte, en el sector que lidera Emilio Monzó no descartan que puedan formar otro bloque separado del PRO a partir de febrero, aunque en este caso seguiría dentro del interbloque Juntos por el Cambio.

En el radicalismo, a su vez, le dan poca vida a la unidad de 47 diputados que liderará Mario Negri: afirman que los tres nosiglistas porteños, aunque finalmente se sumaron, podrían romper más pronto que tarde y volver a conformar el bloque Evolución.




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