México es el país elegido por Fernández para iniciar su agenda internacional. Se reunirá con el presidente López Obrador y con el empresario Carlos Slim.


El presidente electo Alberto Fernández viaja este viernes a México, donde será recibido el próximo martes por el mandatario de aquel país Andrés Manuel López Obrador y donde mañana se reunirá con el magnate Carlos Slim. Con esta visita, Fernández confirma el rumbo que su gobierno tomará en materia de política exterior, una dirección distinta a la seguida por el Palacio San Martín durante la gestión presidencial de Mauricio Macri: el gobierno del Frente de Todos privilegiará a Latinoamérica, para desarrollar una política de integración regional económica e institucional.

El viaje a México, además, refuerza una presunción: Fernández viajará acompañado por Felipe Solá. Para muchos, el exgobernador bonaerense será el canciller del gobierno del Frente de Todos. Un dirigente cercano a Fernández dijo a Vía País que ya hubo “señales contundentes” respecto a Solá como sucesor del actual canciller, Jorge Faurie. Solá lo acompañó a Uruguay en el primer viaje de Alberto Fernández antes de las PASO, donde visitaron al expresidente José “Pepe” Mujica. Solá también viajó a España, en septiembre pasado. Allí, Fernández mantuvo una cumbre con el presidente Pedro Sánchez, además de sostener reuniones con grupos empresarios (“tuvimos reuniones con gente que representa el 50% del PBI español: banqueros, telefónicas, de turismo”, dijo Solá). Y el bonaerense también estuvo, en ese mismo viaje, en la cumbre con el premier de Portugal, Antonio Costa. Los medios españoles definieron a Fernández como un dirigente “pragmático y moderado” y resaltaron su postura de pagar los compromisos externos (deuda) asumidos por Macri.

Fioto. Diario Panorama.

México, Uruguay y Bolivia, expresan en la región posiciones de “autonomía regional”. El “caso Venezuela” es un ejemplo. Estos tres países abogan por una solución concertada, sin intervención militar extranjera. El Grupo de Lima, en tanto, con Brasil, Perú, y Chile a la cabeza, califican a Nicolás Maduro como un dictador, en alineamiento con los Estados Unidos.

La relación con Estados Unidos arroja dos desafíos. Uno está dominado por la deuda. El secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, recordó anteayer: “Argentina tiene un compromiso con el FMI. Nuestra expectativa es que este gobierno cumpla con ese compromiso”. “Nos están queriendo marcar la cancha”, alertaron en el entorno de Alberto Fernández. El otro desafío está vinculado a las relaciones con Rusia y China, dos gigantes de la política internacional. La gestión Fernández no tiene reparos ideológicos en mantener y hasta estrechar vínculos.

La relación con Brasil presenta más incógnitas que certezas. El presidente Bolsonaro y Fernández ya expresaron sus antipatías políticas mutuas. El mandatario brasileño no dudó en decir que el pueblo argentino se había equivocado en la elección presidencial, y hasta expresó que no dudaría en apartaría a Argentina del Mercosur, como si esto fuera posible. Fernández visitó a Lula -el gran enemigo de Bolsonaro-, preso en Curitiba, y pide por su libertad cada vez que puede. La disputa política se volvió personal: Eduardo Bolsonaro, hijo del mandatario brasileño, discriminó por las redes sociales a Estanislao, hijo de Alberto Fernández, por sus actividades artísticas (“cosplay”). La cancillería argentina aún no se expresó oficialmente sobre el tema, aunque sí lo hizo la primera canciller de Macri, Susana Malcorra, quien repudió la ofensa. La histórica sociedad comercial entre ambos países, seguramente, se impondrá frente las diferencias políticas y personales.

Foto: Jose Dias/Palacio Planalto/dpa

Antes de asumir como presidente, Fernández viajará a Houston, Estados Unidos, para entrevistarse con inversores petroleros. También tiene previsto participar de la reunión del Grupo de Puebla, integrada por líderes progresistas, entre ellos Rafael Correa (Ecuador), José Luis Rodríguez Zapatero (España) y Dilma Rousseff (Brasil), a realizarse el 8, 9 y 10 de este mes en Buenos Aires.

Sobre la “cuestión Malvinas”, acaso haya que remitirse al tuit que Fernández el devolvió al primer ministro británico, Boris Johnson, que lo había felicitado por el triunfo electoral: “Gracias por el saludo. Sin renunciar a nuestro reclamo de soberanía, debemos trabajar juntos para afianzar los lazos entre el pueblo argentino y el británico, que comparten mucho más de lo que imaginamos”, escribió Fernández.

Sobre el acuerdo “Mercosur-Unión Europea”, Fernández tiene sus reparos. “La globalización ha venido para quedarse y tenemos el desafío de afrontarla. Pero no nos obliga a estar de rodillas. Podemos discutir cómo entrar en el mundo dignamente, de pie y preservando los derechos de la Argentina”, ha definido.

Algunas claves de la futura política exterior las viene brindando Jorge Argüello, peronista, exdiplomático durante los gobiernos kirchneristas, y amigo personal de Fernández desde los años ’90. “Desde finales de 2017, la economía se contrajo más de un 6%. Recuperar la senda del crecimiento económico en el contexto de la restricción externa demandará una estrategia que permita sostener el saldo comercial sin incurrir en las tradicionales recetas de ajuste. Exportar más y mejor”, propone Argüello.

“La integración regional y la relación estratégica con nuestros vecinos, en especial con Brasil, es una de las claves para alcanzar un desarrollo sustentable”, ha reiterado Fernández, como hoja de ruta internacional.




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