En su kiosco y en el centro vecinal de Barrio Sur, reciben alimentos no perecederos y productos de higiene y limpieza.


Liliana Baladrón nació en el Chaco hace 45 años y vive en Alta Gracia hace 24. Sin embargo, en su hablar de corrido, un carreteo litoraleño se le descubre sin esfuerzo.

En estos días, las inundaciones en su provincia natal y en el norte santafesino, pueblan las noticias nacionales con datos escalofriantes: ocho mil evacuados, 400 milímetros de lluvia en 15 días. Las imágenes que se transmiten por las redes sociales, completan el desolador panorama.

La ligazón emocional con su provincia y la experiencia que le transmite su hermana docente desde Las Breñas, su pueblo natal, quien colabora con un merendero; empujaron a Liliana a poner en marcha una colecta para ayudar.

“Agua, repelente, lavandina, colchones, leche, espiral”, dice escrito a mano un cartel en la puerta de su comercio de Arzobispo Castellano 251. Allí, en un rincón viene acumulando no sólo estos elementos mencionados, sino también cualquier alimento no perecedero con que se pueda ayudar a familias que han perdido todo.

Éste es el merendero de Las Breñas, Chaco, en el que trabaja la hermana de Liliana

El merendero en el que presta ayuda su hermana junto a otras compañeras y que asiste a 80 niños, se vio en todo el país, a partir de unas imágenes que incomodaron a más de uno que intenta tapar la realidad que sale a la luz con las inundaciones

Otros docentes, diez en total, tienen a cargo en una escuela a 1200 personas; en otras tienen 900, en otras 700“, precisa Liliana, apuntando que la falta de alimentos genera que no todos puedan comer las comidas del día y que se van turnando.

“Lo que se está recolectando es azúcar, yerba, harina, aceite, lavandina, productos de limpieza, repelentes, puré de tomate”, enumera de memoria Liliana, completando que también se pueden llevar estos víveres por el centro vecinal de Barrio Sur, sito en Concejal Alonso 358. La idea es salir el miércoles 23 o jueves 24 con todas las donaciones.

Liliana responsabiliza a la ambición del desmonte por este desastre climático y apunta contra los “miserables” que acumulan donaciones y no las reparten entre quienes más las necesitan.

Como contrapunto, destaca a su hermana y al resto de los docentes que se meten campo inundado adentro para relevar las necesidades más urgentes que tiene cada familia y que se pasan el día tratando de ayudar.






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