Julio Cortázar, escritor: "No tengo ninguna noción de tiempo. Me resulta insoportable. Escribo sin horarios"
El célebre autor argentino desmitifica las rutinas disciplinadas y revela cómo la literatura brota de la errancia, los papeles sueltos y el rechazo absoluto a los horarios.
Julio Cortázar, escritor: "No tengo ninguna noción de tiempo. Me resulta insoportable. Escribo sin horarios"(Web)
La imagen tradicional del escritor suele asociarse con métodos rigurosos de trabajo, escritorios ordenados y extensas jornadas frente a la máquina de escribir pautadas por una estricta disciplina cotidiana. Sin embargo, para Julio Cortázar, una de las plumas más disruptivas e innovadoras de la literatura universal, la creación artística jamás respondió a un organigrama preestablecido ni a exigencias burocráticas del tiempo. Para el autor de Rayuela, concebir una historia siempre fue un proceso intuitivo, visceral y nómada, guiado enteramente por la fascinación interior y no por las manecillas del reloj.
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Esa aversión hacia las estructuras rígidas constituyó un principio vital innegociable desde sus primeros años de juventud, mucho antes de consagrarse en el panorama internacional. Durante una emblemática entrevista televisiva, el narrador argentino confesó su histórica resistencia a someterse a la tiranía horaria: “No tengo ninguna noción de horario, me resulta insoportable. Nunca he querido. En la época en que tenía que ganarme la vida con algo que nada tenía que ver con la literatura, nunca aguanté los horarios”. Para el cronopio mayor, cualquier imposición externa amenazaba con asfixiar la autenticidad de la experiencia humana y creativa.
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Con el fin de preservar su libertad individual intacta, Cortázar prefería la precariedad material antes que resignar sus horas libres al mercado laboral convencional. El escritor recordaba con total claridad las decisiones que moldearon su juventud bohemia: “Siempre me busqué un tipo de empleos que supusieran dos o tres horas de trabajo a lo sumo, aunque te pagaran muy poco, porque luego después salías a la calle y eras tú, ¿no?”. Aquella conquista del tiempo propio le permitía deambular, observar la realidad con ojos asombrados y alimentar la sensibilidad que luego nutriría sus universos fantásticos.
Julio Cortázar, escritor: "No tengo ninguna noción de tiempo. Me resulta insoportable. Escribo sin horarios"(Web)
Esa misma libertad absoluta definió su aproximación al oficio de escribir, alejándolo de cualquier pose académica o mandato metodológico severo. El propio autor reconocía con desarmante honestidad su falta de apego a las normas del trabajo literario formal: “Entonces, en el trabajo literario es lo mismo. Yo no soy absolutamente nada disciplinado”. La escritura no funcionaba para él como una tarea productiva que se ejecuta de nueve a dieciocho, sino como un estado de trance imprevisible que se apodera por completo de la conciencia cuando una idea madura en las sombras.
La geografía del relato: cuentos que caminan entre ciudades y papeles sueltos
Para graficar esa relación casi sonámbula con la creación, Cortázar detalló la gestación de un relato que lo perseguía a través de distintas capitales europeas: “Cuando estoy atrapado por un texto... tú ves, por ejemplo, en este momento hay un cuento que camina por algún lado, que empecé a sentir en Londres, donde estuve hace unos 15 días, y que ha continuado en París, y que se vuelve obsesivo aquí en Madrid”. La trama no nacía de una decisión voluntaria en un cuarto cerrado, sino de una presencia misteriosa que lo acechaba mientras recorría calles, puentes y estaciones de tren.
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El soporte material de esa inspiración dispersa respondía a esa misma espontaneidad caótica: “Y entonces lo estoy escribiendo en diferentes pedazos de papel, entonces va saliendo así, ¿sabes? Por momentos, pero sin ninguna sujeción a horario, porque de alguna manera el cuento ya está escrito”. Para Cortázar, el narrador opera como un médium perceptivo encargado de desenterrar una estructura que ya late completa en el inconsciente, esperando únicamente el instante exacto para quedar plasmada en fragmentos sueltos.
JULIO CORTÁZAR, ESCRITOR: "NO TENGO NINGUNA NOCIÓN DE TIEMPO. ME RESULTA INSOPORTABLE. ESCRIBO SIN HORARIOS"
La perspectiva de Cortázar reivindica el misterio de la literatura como una fuerza ingobernable que escapa a las recetas de productividad contemporáneas. En una época obsesionada con la optimización de los minutos y los métodos estandarizados de escritura, el testimonio del maestro argentino recuerda que el gran arte nace del ocio fértil, de la capacidad de perderse en el mundo y de escuchar con paciencia la voz secreta de las historias antes de fijarlas para siempre en la página.