Ernesto Sabato, escritor, sobre Borges: "Fuimos muy amigos, pero nos separamos por motivos políticos"
El autor de ‘Sobre héroes y tumbas’ evoca los matices estéticos, las discusiones juveniles y la insalvable grieta política que dinamitó una de las amistades más célebres de las letras nacionales.
Ernesto Sabato, escritor, sobre Borges: "Fuimos muy amigos, pero nos separamos por motivos políticos"(Web)
La historia de la literatura argentina está atravesada por tensiones estéticas y disputas intelectuales, pero ninguna alcanzó la trascendencia simbólica del distanciamiento entre Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato. Durante décadas, el imaginario cultural edificó sobre ellos una antinomia implacable: el artífice del laberinto cerebral y el juego metafísico frente al explorador de los abismos del alma y el drama existencial. Sin embargo, en una reposada entrevista de archivo, el novelista de Santos Lugares desmitificó los orígenes de aquel antagonismo para revelar que, antes de la controversia pública, existió una devota camaradería forjada en discusiones de café y diferencias de edad.
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Sabato dedicó páginas enteras a analizar la estatura del creador de Ficciones, recopiladas en ensayos donde diseccionó tanto su genialidad como sus artificios. El escritor recordaba con orgullo una confidencia de doña Leonor Acevedo, madre de Borges: “Nadie lo conoce a Georgie como Ernesto Sabato”. Ante la consulta, el ensayista aclaró de inmediato: “Es un gran elogio el que me hago, pero discrimino: hay dos Borges, como había dos Quevedos”. Para el autor de El túnel, en la obra borgeana convivían un renovador indiscutible de la lengua y un orfebre atrapado en la fascinación por el estilo puro.
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En sus años de juventud, cuando la brecha de diecisiete años marcaba el tono de las charlas, Sabato confrontaba a su par sin rodeos: “Yo le cantaba las cuarenta, como se dice acá, y me tenía terror. Teníamos una relación excelente con él”. El centro de sus discrepancias residía en lo que definía como una pasión verbal desmedida: “Es casi un juego de palabras. Un escritor en serio no hace juegos de palabras”. Al citar giros borgeanos como "el ermitaño que fatigó el desierto", Sabato sentenciaba: “Es demasiado literario eso... La lengua es el principal instrumento de un escritor, pero es su principal enemigo. Hay que tener cuidado con no incurrir en la pasión meramente retórica”.
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Esa misma discordancia conceptual reaparecía al contraponer el dominio técnico de Quevedo con la imperfección vital de Cervantes. Borges defendía a Quevedo por su prodigioso manejo del idioma y menospreciaba la prosa descuidada del autor del Quijote, a quien consideraba un aficionado precario. Sabato, en cambio, reivindicaba la figura de aquel aventurero que perdió un brazo en combate y creó un mito inmortal: “¿Qué precario? ¡Inventó un mito, el Quijote!”. Recordaba además que Lope de Vega, autor prolífico y consagrado de la época, llegó a tachar a la obra cervantina de bazofia, demostrando que la verdadera hondura humana trasciende la pirotecnia formal.
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La irrupción de la Libertadora y el quiebre irreconciliable de 1955
No fueron las querellas literarias, sin embargo, las que quebraron de cuajo el vínculo, sino la tempestad sociopolítica desatada tras la caída del peronismo. Ante la pregunta de si valió la pena distanciarse por discrepancias partidarias, Sabato respondió con pesar: “No, para mí me apenó muchísimo. Pero debo decir que me separé, o se separó él de mí, por motivos que no lo honran”. Aunque ambos eran antiperonistas y él repudiaba la demagogia de Perón, Sabato defendía la causa popular: “Trajo la justicia social, y yo siempre luché por la justicia social. Y este es un barrio de peronistas, y siempre fueron amigos míos los obreros que vivían acá, ferroviarios”.
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El punto de quiebre definitivo ocurrió tras el golpe de 1955, cuando un periodista le acercó una lista de militantes obreros torturados por la dictadura militar en dependencias oficiales y en el Congreso Nacional. Tras denunciar públicamente estos tormentos, la represalia de los sectores golpistas fue inmediata y personal: “A los dos días salió un manifiesto encabezado por Borges diciendo las peores atrocidades contra esa iniquidad que yo había cometido, cuando era una gran verdad. Y desde ese momento no me saludó nunca más”. La grieta política sepultó así cualquier posibilidad de reencuentro cotidiano entre ambos.
ERNESTO SABATO, ESCRITOR, SOBRE BORGES: "FUIMOS MUY AMIGOS, PERO NOS SEPARAMOS POR MOTIVOS POLÍTICOS"
La evocación de Ernesto Sabato confirma que las grandes escisiones intelectuales rara vez obedecen a meras vanidades de biblioteca. La fractura entre dos de los mayores artífices de las letras hispanas perduró así como el testimonio desgarrador de un país fracturado.