Erica, veterinaria: “Si tu caniche hace este movimiento, puede tener una luxación de rótula”
Una médica veterinaria advierte que los saltitos o el retiro momentáneo de apoyo en las patas traseras suelen delatar cuadros de luxación rotuliana.


En la convivencia cotidiana con mascotas, los cuidadores suelen interpretar ciertos andares particulares o trotes irregulares como meras gracias o manías pasajeras de la personalidad animal. Sin embargo, cuando un perro de talla pequeña interrumpe su desplazamiento habitual para elevar una de sus extremidades posteriores o da un brinco en falso, el cuerpo está emitiendo una señal biomecánica de incomodidad que jamás debería pasarse por alto ni minimizarse en el hogar.

Esta manifestación clínica fue abordada en profundidad por Erica, veterinaria especialista en columna canina y fisioterapia, quien a través de su canal de difusión @erica.fisiovet alertó sobre la recurrencia de esta anomalía ortopédica: “Si tu caniche hace este movimiento, puede tener una luxación de rótula”. La experta enfatizó que esta alteración articular representa una de las condiciones más habituales en la anatomía de esta raza, provocando un desplazamiento anormal del hueso rotuliano fuera de su corredera natural.

Desde el punto de vista fisiológico, la retirada instantánea del apoyo responde a una estrategia instintiva de protección mediante la cual el animal busca desgravar peso de una estructura inflamada o inestable. Aunque los ligamentos cruzados, la displasia coxofemoral o las contracturas musculares profundas también pueden desencadenar claudicaciones, la luxación patelar destaca por su carácter intermitente: el perro camina con fluidez, pierde la estabilidad de la rodilla durante un par de pasos y retoma el trote en cuanto la articulación encaja nuevamente de forma espontánea.

La evolución de estos cuadros degenerativos rara vez se limita a un simple salto aislado durante los paseos, sino que suele acompañarse de un abanico progresivo de transformaciones conductuales. Detectar a tiempo indicios secundarios como el lamido persistente en la zona de la articulación, la lentitud para incorporarse tras periodos prolongados de reposo, el rechazo a sortear desniveles o trepar escaleras y una evidente rigidez matutina resulta determinante para evitar desgastes osteoarticulares severos y crónicos.

Frente a la aparición de esta marcha irregular, el primer paso consiste en registrar con precisión el contexto del episodio, identificando si surge de inmediato tras una sesión de juego, una carrera intensa, un salto o una caminata tranquila. De forma preventiva, resulta indispensable suspender los ejercicios de alto impacto, impedir saltos desde sillones o camas y realizar una inspección visual suave para descartar cortes, edemas evidentes o puntos de hipersensibilidad dolorosa al tacto.

Si la claudicación persiste entre 24 y 48 horas, se repite con frecuencia o empeora, la evaluación profesional inmediata es obligatoria para clasificar el grado anatómico de la lesión. Una intervención temprana en traumatología y fisiatría veterinaria permite implementar planes de rehabilitación, fortalecer el tono muscular y aplicar adaptaciones ambientales que frenen la artrosis antes de que el daño sea irreversible, salvaguardando así la autonomía y el bienestar del caniche.
ERICA, VETERINARIA: “SI TU CANICHE HACE ESTE MOVIMIENTO, PUEDE TENER UNA LUXACIÓN DE RÓTULA”
— Vía País (@ViaBsAscomar) August 25, 2026
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A largo plazo, el compromiso y la observación activa por parte de la familia constituyen el factor decisivo para evitar que una molestia incipiente culmine en intervenciones quirúrgicas complejas o dolor incapacitante. Adecuar las superficies del hogar con alfombras antideslizantes, utilizar rampas de acceso y sostener paseos controlados con correa son pequeñas medidas preventivas que marcan una diferencia sustancial, garantizando que el perro mantenga una vida plena, activa y sin limitaciones físicas.