Ni Una Menos volvió a llenar la Plaza Independencia
A 11 años del primer grito colectivo, mujeres autoconvocadas y organizaciones sociales marcharon en San Miguel de Tucumán contra los femicidios y la impunidad judicial.


La Plaza Independencia volvió a ser este martes el escenario de una demanda que atraviesa generaciones: el derecho de las mujeres y diversidades a vivir sin violencia. A 11 años del nacimiento de Ni Una Menos, una multitud se concentró en el centro de San Miguel de Tucumán para reclamar justicia por las víctimas de femicidio y respuestas concretas del Estado.
La convocatoria principal fue pautada desde las 16 horas y reunió a mujeres, agrupaciones feministas, organizaciones sociales, espacios estudiantiles, referentes de derechos humanos y familiares que sostienen, desde hace años, pedidos de verdad y justicia.

Bajo la consigna nacional “Vivas, libres y desendeudadas”, la marcha puso en primer plano la relación entre violencia machista, desigualdad económica y falta de protección institucional. En Tucumán, los reclamos también apuntaron a la necesidad de declarar la emergencia en violencia de género, reforzar los dispositivos de asistencia y garantizar políticas públicas sostenidas de prevención.
Entre los pedidos locales, las organizaciones exigieron justicia por casos emblemáticos como los de Paulina Lebbos y Carolina Monteros, nombres que siguen presentes en cada movilización como símbolo de una deuda judicial y social que permanece abierta.
La jornada también incluyó reclamos por la aplicación efectiva de la Educación Sexual Integral, considerada una herramienta clave para prevenir violencias desde edades tempranas, promover vínculos respetuosos y brindar información a niñas, niños y adolescentes.
Otro de los ejes fue el rechazo a los recortes presupuestarios en áreas de asistencia, acompañamiento y prevención de la violencia de género. Las organizaciones advirtieron que sin recursos, equipos técnicos y presencia territorial, las políticas públicas pierden capacidad real de respuesta.

A más de una década de aquella primera movilización nacional que instaló el grito Ni Una Menos en la agenda pública, la marcha en Tucumán volvió a recordar que cada femicidio no es un hecho aislado, sino parte de una trama de violencias que exige prevención, justicia y compromiso institucional.
En la plaza, el reclamo tuvo también una dimensión profundamente humana: detrás de cada cartel, de cada nombre y de cada consigna, hubo historias familiares marcadas por la ausencia y una misma exigencia colectiva: que ninguna mujer sea olvidada y que ninguna vida vuelva a quedar sin protección.