Tucumán frente al agua

"Humedales que desaparecen y el fantasma del Súper Niño"

Tucumán frente al agua
Consultora ambiental Maria Ines Canelada Lozzia (Imagen web)
27 de septiembre de 2026, 19:27

Entre inundaciones y sequías, la provincia enfrenta una paradoja hídrica que se profundiza con la transformación del territorio y la pérdida de ambientes naturales. Los humedales, que durante décadas funcionaron como reguladores del agua, retroceden frente al avance productivo y urbano. Mientras tanto, el cambio climático aumenta la incertidumbre sobre el comportamiento de las lluvias y los períodos secos.

Hay una paradoja que Tucumán conoce cada vez mejor: el agua puede sobrar cuando llueve y faltar cuando deja de llover.

En pocas horas, una tormenta puede convertir calles y campos en verdaderos cursos de agua. Meses después, las mismas comunidades pueden enfrentar dificultades para disponer del recurso. Entre ambos extremos existe un territorio que ha cambiado profundamente: humedales que fueron drenados, desmontes que modificaron el escurrimiento, canales que aceleraron la salida del agua y superficies urbanizadas que redujeron la capacidad natural del suelo para absorberla.

Los humedales no son terrenos improductivos ni espacios vacíos. Son sistemas naturales que cumplen funciones esenciales: almacenan temporalmente agua, favorecen la infiltración, contribuyen a la recarga de los acuíferos y ayudan a regular los caudales, cumplen con servicios ecosistémicos claves para el territorio.

En Tucumán, distintos ambientes húmedos asociados a La Cocha, el pedemonte y sectores vinculados con la desembocadura del río San Francisco forman parte de ese complejo sistema hídrico. Su transformación modifica el equilibrio entre el agua que precipita, la que escurre superficialmente y la que logra infiltrarse en el suelo. Sin humedales no hay infiltración, y sin infiltración las napas no se recargan a modo de reservorios de agua.

La afirmación pone el foco en un aspecto que suele quedar oculto detrás de las inundaciones: el agua que no logra infiltrarse hoy puede convertirse en el agua que falta mañana.

Durante décadas, el territorio tucumano fue transformándose para ampliar las superficies productivas, construir infraestructura y extender las áreas urbanas. En ese proceso, numerosos ambientes naturales fueron modificados o directamente eliminados.

Los canales cumplen una función necesaria en determinadas obras de manejo hídrico, pero no constituyen por sí solos una solución integral. Cuando el agua es rápidamente conducida fuera de un sector, puede terminar concentrándose en otro. El problema se desplaza y el recurso se reubica.

El resultado puede ser un territorio donde conviven exceso y escasez: inundaciones en zonas bajas, erosión de suelos y sedimentación de cursos y embalses, mientras disminuye la capacidad natural de almacenamiento y recarga del agua subterránea.

Los episodios registrados en localidades como La Madrid y Taco Ralo muestran la vulnerabilidad de las poblaciones frente a las inundaciones. En el ámbito urbano, la disponibilidad y el abastecimiento de agua también constituyen desafíos que requieren planificación e infraestructura.

No se trata de afirmar que un único factor explique todos estos fenómenos. El comportamiento del agua responde a múltiples variables: intensidad de las precipitaciones, características del suelo, relieve, cobertura vegetal, infraestructura, ocupación del territorio y disponibilidad de reservas superficiales y subterráneas.

Pero existe una certeza: cada vez que se modifica el territorio, también se modifica la manera en que el agua circula por él.

A este escenario complejo se suma la variabilidad climática. El fenómeno de El Niño modifica los patrones atmosféricos y puede favorecer cambios significativos en las precipitaciones de distintas regiones de la Argentina. Cuando se habla de un “Súper Niño”, se hace referencia a episodios particularmente intensos del fenómeno. Sin embargo, sus consecuencias concretas no son idénticas en todos los territorios ni pueden determinarse de manera automática.

Para Tucumán, un escenario de precipitaciones extraordinarias representa un desafío especialmente importante.

Una sucesión de tormentas intensas puede provocar crecientes repentinos, desbordes de ríos y canales, anegamientos, erosión y daños en caminos, puentes y otras infraestructuras. Para el sector agropecuario, además, los extremos climáticos pueden afectar cultivos y favorecer determinadas condiciones para la aparición de plagas y enfermedades.

El riesgo aumenta cuando los eventos extremos encuentran un territorio que ha perdido parte de sus mecanismos naturales de regulación.

Por eso, el debate no debería limitarse a preguntarse cuánto va a llover.La pregunta fundamental es qué capacidad tiene el territorio para recibir, retener, infiltrar y administrar esa agua.

La protección de los humedales, es aún una deuda pendiente, también llegó en diferentes oportunidades al Congreso argentino. Durante años se debatieron proyectos para establecer una legislación específica, pero no se concretó una ley nacional integral que establezca un régimen general de protección de estos ecosistemas. La propuesta es similar a la ley de presupuestos mínimos de bosques nativos, que surge de una idea sencilla: si la sociedad se beneficia de los servicios que presta un ecosistema, conservarlo también debería tener un valor económico, que debería recibir el dueño de esas tierras para asegurar su preservación.

El desafío es que la conservación deje de ser considerada un obstáculo para el desarrollo y pase a formar parte de la planificación territorial.

Porque un humedal puede no generar una renta inmediata como un cultivo o una urbanización. Pero presta servicios que pueden resultar decisivos cuando llega una tormenta extraordinaria o cuando las lluvias escasean.

Hablar de humedales es, en definitiva, hablar de agua, de su soberanía, de territorio, seguridad, producción, salud y futuro.

La pérdida de estos ambientes no puede analizarse únicamente desde una perspectiva ecológica. También involucra la capacidad de una provincia para prevenir riesgos, sostener sus actividades productivas y garantizar la disponibilidad de un recurso indispensable.

Tucumán enfrenta así una disyuntiva que excede la próxima temporada de lluvias: continuar transformando los sistemas naturales para responder a necesidades inmediatas o comenzar a planificar el territorio considerando el valor estratégico de sus ecosistemas y funciones ambientales.

Restaurar humedales degradados, conservar los que todavía existen, ordenar el uso del suelo, proteger las zonas de recarga y mejorar la infraestructura hídrica no son medidas aisladas. Forman parte de una misma política: aprender a convivir con el agua, entendiendo que es un recurso vital, en lugar de intentar expulsarla cada vez más rápido.

Tal vez el verdadero desafío no sea esperar al próximo gran fenómeno climático para reaccionar. Los humedales ya nos están dando su advertencia. Tucumán aún está a tiempo de decidir que hacer con ese mensaje.

Por María Inés Canelada Lozzia

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