Ley de humedales y su importancia ante posibles inundaciones

Mientras no haya un marco que proteja los humedales que quedan, cada canalización nueva empujará el excedente hacia otro campo, según advirtió la investigadora Sandra Chediack.

Ley de humedales y su importancia ante posibles inundaciones
Sin humedales no hay infiltración, y sin infiltración no hay napas. Por qué San Miguel, Yerba Buena y la llanura del este productiva están en la lista de afectados. (Economía y Producción Tucumán)
14 de septiembre de 2026, 20:43

La bióloga Sandra Chediack sostuvo, en el programa Primer Plano (Canal 10 Tucumán) que la desecación sistemática de los humedales explica tanto las inundaciones de La Madrid como la falta de agua en los pozos de San Miguel y Yerba Buena. Pidió una ley que pague a los propietarios por conservar y descartó las expropiaciones.

Hubo un tiempo en que el sur tucumano era un pantano. No en sentido figurado: la zona de La Cocha (cuyo nombre significa, precisamente, agua, poza de agua) estaba cubierta por terrenos anegados de manera permanente o estacional, con su flora y su fauna propias. Lo mismo ocurría en el pedemonte, donde el agua de lluvia, la de los ríos y la que afloraba de las napas se acumulaba al pie de las montañas. De ese paisaje queda muy poco, y la doctora Sandra Chediack cree que la cuenta por esa desaparición se está pagando ahora, con inundaciones de un lado y canillas secas del otro.

La investigadora explicó qué se perdió cuando se perdieron esos terrenos: "Los humedales son zonas que están inundadas, puede estar inundado todo el año o parte del año y se caracterizan por tener plantas acuáticas, fauna y flora característica de las zonas inundables". Bajo esa definición entran lagos, ríos, áreas inundables y pantanos, un abanico que alguna vez cubrió buena parte de la provincia y también de Catamarca, donde estaban los bañados de Ovanta.

El mecanismo de la pérdida fue siempre el mismo: secar para producir: "Se han ido desecando los humedales, se han canalizado los humedales para convertir esas tierras en áreas de cultivo o para ganadería o para urbanizaciones", señaló. Y ahí empieza el efecto dominó: "Entonces al secar el humedal, al hacer el canal, todo ese exceso de agua se vuelca a otras zonas y esto es lo que ha pasado en La Madrid".

-¿Y por qué se secan los humedales?

La secuencia que describió tiene un orden preciso y arranca lejos del lugar donde termina el desastre. Primero, la deforestación en las montañas que limitan el sur de Tucumán con Catamarca. Después, la desecación de los humedales de La Cocha. Con el correr de los años, el río San Francisco (que era estacional) empezó a llevar agua todo el año, sumada la canalización del río Abra. El agua les cayó encima a campos agrícolas cuyos propietarios, a su vez, canalizaron para sacarse el excedente de encima. Cuando llegaron las tormentas extraordinarias, ya no quedaba nada que frenara nada: "Muchas veces pasa que al canalizar la cuenca alta, viene el agua allá y te inunda tu campo. Y no te queda otra situación que tratar de sacar el agua porque las pérdidas económicas en infraestructura, en inversión agrícola son enormes", describió.

El caso de Taco Ralo funciona como ejemplo: una zona que se inundaba cada vez que crecía el caudal del río y que dejó de hacerlo por obra del Canal Sánchez: "En realidad, es todo un sistema de canalización, no sólo de Taco Ralo, sino de casi todos los humedales de la provincia han sido canalizados", aclaró.

"La última inundación, este año, arrasó, yo he visto campos de cultivo destruidos, forestaciones, tamaños de árboles gigantescos en el río San Francisco", contó Chediack, que puso el foco en un efecto menos visible: el arrastre de sedimentos obligó al río a ensancharse y está colmatando el dique de Las Termas.

Hay una segunda factura, y es la que llega al consumo del vital elemento: los humedales infiltran hacia las napas el agua que circula por la superficie: "Cuando se desecan los humedales ya no se produce esa infiltración, entonces tenemos exceso de agua en otras áreas y escasez de agua en las napas". El dato es sensible en una provincia que depende de los pozos: San Miguel de Tucumán se surte en buena medida de ellos, en Yerba Buena el agua de consumo sale de pozo y la llanura del este productiva riega con agua subterránea: "Entonces al no haber infiltración va a haber escasez, hay escasez ya en algunos barrios de agua", advirtió. El agua que ya no entra a la napa tampoco desaparece: parte del excedente del centro tucumano baja por el Canal del Este y termina inundando el área agrícola del oeste santiagueño, donde se hace grano y caña.

Consultada sobre por qué no prospera una ley de humedales, pese a haber sido presentada varias veces en Diputados y Senadores, Chediack apuntó a una decisión política: "Hay una visión extractivista en el gobierno". Puso como antecedente lo ocurrido en el Delta y la Mesopotamia, donde, según explicó, no se quiso conservar esas áreas como humedales para favorecer la ganadería y la actividad productiva.

Incumplimiento de la Ley

Su propuesta toma como modelo la ley de bosques nativos, con el Estado pagando a los propietarios por conservar. El paralelo, sin embargo, es también una advertencia sobre el cumplimiento: "La ley de bosques, que es un ejemplo paralelo, en este momento y hace varios años desde el gobierno de Macri, están pagando sólo el 3% de lo que dice la ley de bosques que deberían pagar. Entonces no cumple la ley". Aun así, defendió el costo: "Los beneficios de tener humedales es para todos. Es para evitar inundaciones, evitar la rotura de las rutas, evitar la rotura de los caminos, para que tengamos agua. Creo que la inversión es mínima con todo lo otro que hay que pagar por no conservarlos".

—¿Para usted sería expropiar desde La Madrid para arriba?

—No, para mí es sistematizar las cuencas y a los propietarios hay que pagarles por conservar sus áreas naturales y ayudarlos para que eso se mantenga. No hay que expropiar —respondió.

Volver al paisaje original, admitió, es prácticamente imposible. Lo que sí ve viable es intervenir en las pequeñas cuencas que bajan de las montañas con franjas de infiltración y con pequeños diques en las barrancas, que reducen la velocidad del agua, retienen los sedimentos y hacen que llegue un caudal menor abajo. Sobre el plano internacional, recordó que existen los sitios Ramsar (humedales de importancia internacional, llamados así por la ciudad donde se reunieron por primera vez quienes advirtieron la necesidad de protegerlos, y relevantes porque allí llegan aves migratorias y se diseñan esquemas de manejo sustentable), de los cuales Argentina tiene algunos.

"Estamos perdiendo la soberanía del agua"

La investigadora dijo haber conversado sobre el manejo de cuencas y la situación de La Madrid con legisladores y, hace poco, con el vicegobernador, y se ofreció a colaborar en restauración y manejo sustentable de humedales. El diagnóstico con el que cerró excede la coyuntura de una crecida: "Estamos perdiendo la soberanía del agua. Al no cuidar el agua, al no cuidar nuestros recursos, no vamos a tener agua en el futuro". Y lo ilustró con una línea de tiempo doméstica y elocuente: de un abuelo que tomaba agua bebible de una vertiente, a tener que pagar para que el agua de la canilla sea potable, a comprarle agua embotellada a una multinacional.